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De La Habana vino cargado de versos |
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Ricardo Rondón Ch. mundoloco@elespacio.com
Trajo bajo el brazo dos novelas y de paso aprendió a descifrar la santa
filosofía del son.
"Mi historia es una casa que envejece con sus recintos intactos"
José Luis Díaz-Granados volvió al patio que lo vio nacer poeta: La Casa de
Poesía Silva. Allí, al calor de un canelazo hervido en múcura, repasa con su
mirada de sexagenario los retratos de aquellos poetas que le dieron el
primer jalón para que se metiera de por vida en este lío de cometer versos:
el de Aurelio Arturo y su 'Morada al Sur'; el de Barba Jacob, perenne y
melodioso en su 'Canción de la vida profunda'; el de Neruda y su 'Canto
General'; el de Raúl Gómez Jattin, ese cronopio maravilloso, alado y etéreo
como el del esplendor de su mariposa; y el de José Asunción Silva, de quien
por cuya herida suicida fluye inagotable el río de la palabra.
Díaz Granados, el poeta, el novelista, el ensayista, el periodista literario
y cultural, el padre de ese otro vigoroso poeta llamado Federico, tuvo que
ausentarse por fuerza mayor de su país para vivir un exilio obligado en
Cuba, desde donde viene ejerciendo a la par el periodismo y la literatura.
Ha regresado a Colombia, a la fría Bogotá con ventiscas de cometas, y en el
empedrado de la Casa Silva me habla de sus añoranzas y sus cuitas; de su
periplo productivo en la mágica isla del son y de la revolución, de la que
el escritor cubano Eliseo Alberto (hijo el gran poeta Eliseo Diego), dijera
en su laureada novela 'Caracol Beach': "Érase un piano que alguien tocaba
detrás del horizonte".
-Otro canelazo poeta y di paso a tus versos.
¿Cuánto tiempo en La Habana?
"Cinco años y medio".
¿Cómo fue a parar allá?
"La verdad, recibí amenazas cuando presidía la Casa de Solidaridad con Cuba.
Entonces vi mi oportunidad de poder desarrollar mis proyectos literarios en
una isla tranquila".
¿Cree que ya pasó la marea?
"Espero que sí, porque veo a Colombia más bella, más robusta, más alegre".
¿Y en el terreno político, cómo la ve?
"Yo siento que empiezan a aclararse muchas sombras".
¿Se piensa quedar definitivamente?
"Es mi mayor aspiración, porque como dice Martí, fuera de la patria, no hay
casa".
¿Qué fue lo más productivo que le dejó este obligado exilio?
"Recuperé muchos espacios perdidos en la lectura, en el cine y en la
reflexión".
¿En qué se ocupó en La Habana?
"Primordialmente en el periodismo literario, escribiendo textos sobre el
misterio de la creación poética y narrativa, y dictando clases sobre Neruda
periodista y Gabo periodista".
¿Qué le escuchó decir a los intelectuales a raíz de la muerte de Guillermo
Cabrera Infante?
"Leí una evocación muy hermosa y certera, escrita porque quien fuera uno de
sus mejores amigos, el escritor Lisandro Otero, actual presidente de la
Academia Cubana de la Lengua".
¿Todavía se lee a Cabrera Infante en la clandestinidad de la Isla?
"La verdad es que no he tenido acceso a la clandestinidad de la Isla".
¿Se lee a Reinaldo Arenas?
"Se le recuerda mucho en los círculos intelectuales, pero me parece que
también hay autores muy importantes como Miguel Barnet, Abel Prieto, Pablo
Armando Fernández, Cintio Vitier y sobre todo, a la que considero la más
notable poeta viva de la Lengua Española: Fina García Marruz".
¿Tiene una novela en remojo escrita en La Habana?
"Sí, tengo dos: una sobre las luces y las sombras del exilio titulada, 'La noche anterior al otoño' y otra inspirada en mis años de adolescencia en el barrio Palermo, de Bogotá, titulada, 'El aprendiz de brujo', que está esperando actualmente el veredicto del editor".
Lo observo con uniforme de 'comandante', verde oliva. No me diga que se
volvió usted un poeta de charreteras...
"Si quieres te cuento la verdad: lo que viste es una chaqueta que me regaló una amiga gringa hace más de diez años, pero nada que ver con charreteras como no sean las de los guerreros medievales".
A propósito, ¿qué opinión le merece la decadencia del poder de Fidel Castro?
"Todo lo contrario, me parece que está muy robustecido, en parte por la
torpeza de sus adversarios".
¿Quiere usted decir que comulga con su régimen?
"Es difícil encontrar a alguien de la generación de los 60's que no sienta algún estremecimiento afectivo hacia Fidel o el Ché".
¿Qué otras utopías le quedan?
"La de un sueño remoto que tuvo Bolívar en su juventud: ver conformada una organización de planetas unidos y sentir que nuestra América será la más
grande nación del mundo por todas sus mil y una cualidades".
No me diga que también es chavista...
"Basta mirar desprevenidamente los gobiernos anteriores a Chaves para que este nos parezca un dechado de virtudes".
¿Qué fue lo que más añoró en Cuba, poeta?
"La calle 45, las bogotanas otoñales, el aguardiente con uchuvas y los clásicos entre Santa Fe y Millonarios".
¿Y qué se siente pasar del 'guaro' criollo al Havana Club 7 años?
"Es como pasar del vodka ruso al pizco peruano, pero como decía mi padre, no
hay trago malo ni godo bueno ni mujer fea".
¿Por fin aprendió a descifrar la santa filosofía del son?
"No sólo la aprendí a descifrar sino a exorcizar a través de la santería y a
disfrutar con las espectaculares morenas del Caribe, especialmente cuando
están jugando voleibol".
Es quizás usted, José Luis Díaz-Granados el único poeta de una sola mujer
que conozco...
"No te lo creas, Ricardo, me he casado tres veces, y he tenido algunos romances furtivos a lo largo de estos primeros 60 años de vida".
¿Qué viene a ser la mujer para un poeta como usted?
"Es la fuerza motriz de mi alegría y de la totalidad de mi obra literaria".
¿No podría vivir sin una mujer al lado?
"Imposible. Ese otro es mi cielo y mi infierno al mismo tiempo, pero tiene el delicioso encanto de un hechizo indescifrable".
¿No sabe qué es pasar un domingo por la tarde, sentado en el borde de la
cama, en una habitación de solitario?
"Cuando me ha ocurrido en estos últimos años salgo al malecón habanero y me
siento con una mulata y le pido que me cuente su vida y sus pasiones
profundas. De esta manera exorcizo todos los demonios de la soledad".
¿A qué solía ir al barrio chino habanero?
"En busca de una muñeca nocturna para revivir el monólogo teatral que
escribí hace diez años".
¿Definitivamente se escribe mejor en el trópico?
"Mi ideal perpetuo es vivir, soñar y escribir en una isla, en la laguna de
Tota. Ahí puedo sentir que estoy reinventándome en el mar y en los Andes al
mismo tiempo".
¿Qué es para un poeta llegar a los 60?
"Un auténtico 'sexo-agenario', lleno de vitalidad y alegría de vivir".
¿Los ha notado físicamente?
"Sí, algunas canas de más en cabello y barbas, algo encorvada la cerviz y una que otra chochera de fin de semana".
¿Cómo acaricia la vejez, José Luis?
"Te contesto con uno de mis últimos poemas: 'mi historia es una casa que envejece con sus recintos intactos'".
¿Ya le produce tristeza la belleza?
"No, porque muchas veces he encontrado belleza en lo que se considera feo o
esperpéntico".
¿Y cómo lo sorprende a uno esa sabiduría otoñal?
"Precisamente cuando uno se da cuenta de que cada día sabe menos y que no somos más que aprendices".
¿Qué torpezas no ha podido superar?
"La de llevarle el paso a la pareja en el baile, siempre termino pisándola, y esto ha ocasionado más de un desencuentro amoroso".
¿Cómo encontró a su hijo Federico?
"Muy bien: convertido en un poeta muy maduro, con un lenguaje personal
maravilloso, y además un gran papá de mi nieto Sebastián y un excelente ser
humano".
Leyéndolo, ¿cree que el alumno superó al maestro?
"Totalmente, el ciento por ciento".
¿Cómo le cayó en el exilio la trágica muerte de María Mercedes Carranza?
"Es una herida por donde va a sangrar siempre la poesía de estos tiempos sombríos que padece mi patria".
¿Y qué le significa regresar a la Casa de Poesía Silva, ese entrañable patio
que lo vio nacer como poeta?
"Es el sitio más grato donde la palabra tiene su hábitat permanente, desde que Silva dijo la última que le salió del corazón".
José Luis, ¿qué es ser poeta?
"Es no haber abandonado jamás la infancia y es no perder la capacidad de
asombrarse".
¿Y de qué lo ha salvado la poesía?
"De las iras eróticas de la primavera".
¿Ya pensó en su epitafio?
"¿Esta es una entrevista o una amenaza?".
Cronopios
Septiembre de 2005
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