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 El patrimonio cultural vivo: protección de lo más valioso del legado humano (I)



Jesús Guanche      jguanche@cubarte.cult.cu

Investigador cubano, miembro de la junta directiva de la Fundación Fernando Ortiz.



(véase parte II)



Epígonos de la Convención para la salvaguardia del patrimonio inmaterial

La aprobación en el año 2003 de la Convención para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial, pese a sus profundas debilidades conceptuales, ha sido un significativo paso de avance al colocar este tema en la reflexión y la acción colectiva de expertos y autoridades para delinear políticas culturales capaces de atender, preservar, promover y proteger este patrimonio.

De manera inmediata a la aprobación, la UNESCO movilizó su amplio potencial intelectual y dedicó el no. 221/222 de la revista Museum internacional al también denominado «patrimonio intangible» (intangible heritage). Debido a la responsabilidad que tienen los museos en esta trascendental tarea, en el 2004 se efectuó en la ciudad de Seúl, República de Corea, la 20ª Conferencia General del Consejo Internacional de Museos (ICOM).

Un comentario crítico a los principales temas abordados en esta Conferencia nos puede dar la medida de ¿por dónde anda el debate?, ¿cuál es la experiencia acumulada?, ¿cómo se ha ganado o no en definiciones más cercanas al rico patrimonio que se quiere salvaguardar?, ¿qué diversidad de opiniones concurrieron a Seúl?, y ¿cuales son los desafíos para las políticas culturales?, entre otras cuestiones.

Ecos de la 20ª Conferencia General del Consejo Internacional de Museos

En sus palabras iniciales el Sr. O Young Lee recordó oportunamente que: «Vivimos en una época en la que importan más las cosas materiales que las personas» y esto le sirvió de apoyo para acudir a la sabiduría tradicional del budismo coreano donde un monje critica el valor aparencial de la vestimenta efímera frente al valor real de la persona que la lleva puesta. Valoró así la significación de este patrimonio desde una perspectiva histórica y destacó el precedente sentado por su país en la creación del sistema de Tesoros humanos vivos, lo que amplía convenientemente el concepto de bienes culturales hacia «no sólo lo visible sino también lo invisible».

Sin embargo, la aceptación acrítica del concepto de «patrimonio inmaterial» lo condujo a equiparar estos bienes culturales con los «bienes digitales», sin considerar que los chips semiconductores, las técnicas de procesamiento automatizado y todo el complejo sistema de almacenamiento, transmisión y recuperación de datos no son en lo absoluto «inmateriales», sino un logro mancomunado de la cibernética, la robótica, la telemática y la informática donde se combinan múltiples campos del conocimiento científico-tecnológico, que obviamente, es necesario proteger y preservar.

El Sr. Richard Kurin, quien ha tenido una destacada participación previa a la Conferencia, señaló que la referida «Convención fomenta la supervivencia y la vitalidad del patrimonio cultural vivo a escala local, regional y nacional en todo el mundo frente a la creciente globalización». Conjuntamente, resalta que: «La definición de patrimonio cubre, en líneas generales, las prácticas sociales, las tradiciones estéticas y los modos de conocimiento perpetuados en el seno de una comunidad cultural», lo que de hecho opera de modo interactivo con las evidencias objetuales del patrimonio identificado como «material». Considera la diversidad de ámbitos disciplinares que contempla la Convención como «etnografía, arte, historia, ciencias y tecnología», junto con los métodos de salvaguardia. Más adelante se pregunta:

¿Deberán los gobiernos de todo el mundo nombrar a los museos como principales agentes de la aplicación de esta Convención?, ¿Están realmente capacitados los museos para salvaguardar el patrimonio cultural inmaterial?, ¿Es eso lo que desean? Si tal es el caso, ¿es necesario para ello volver a concebir y a configurar el concepto de museo?

Sin duda, estas reflexiones apuntan a señalar las diferencias esenciales entre los procesos de adquisición, catalogación, almacenamiento, preservación, conservación y exposición de objetos, sitios y monumentos, entre otras actividades, respecto de los saberes mismos acumulados y transmitidos por personas y grupos humanos en su vida cotidiana con un valor identitario y patrimonial. Ahí radica precisamente la substancial diferencia entre el patrimonio inanimado, movible o inamovible, y el patrimonio vivo, dinámico, cambiante, capaz de dialogar, discutir, rebatir y estar de acuerdo o no con lo que acuerdan otros a nombre de ellos.

Más adelante, la Sra. Dawnhee Yim explicó y valoró la política cultural sudcoreana con sus Tesoros humanos vivos. Para ello enfatizó sobre las injustas dicotomías en el reconocimiento de los valores patrimoniales identificados como «materiales» desde 1972, respecto del denominado «patrimonio inmaterial», reconocido en el año 2003; es decir, tres décadas más tarde.

Indicó con acierto que:

Los descubrimientos en los campos de los estudios culturales, antropología, folklore y estudios de género nos alertan contra las injusticias que a menudo resultan de este tipo de jerarquías culturales. Estos estudios señalan que todas las culturas son, de un modo u otro, importantes y valiosas.

Para el caso sudcoreano, reconoce que la atención a los portadores de su cultura popular tradicional ha sido una vía eficaz para contrarrestar los impactos de la norteamericanización estadounidense como «procesos simultáneos de industrialización, urbanización y occidentalización».

Debatió además sobre tres tópicos claves de la política cultural al respecto:

1. Acerca de la necesidad o no de preservar artificialmente manifestaciones culturales tendentes a desaparecer.

2. Sobre los orígenes imprecisos de las tradiciones culturales y el valor identitario de su continuidad para los portadores.

3. El riesgo de las clasificaciones jerarquizadoras de este tipo de patrimonio vinculado con determinado portador o portadores (tesoro humano vivo) respecto de las variaciones regionales o locales que resultan tan válidas como la que por motivos de identificación o proposición han sido jerarquizadas.

Sobre el primer aspecto, mientras unos consideran que el cambio cultural es algo tenido por natural, que un componente de la cultura puede desaparecer cuando ha perdido su función o razón de ser; para otros, los componentes esenciales de la cultura popular tradicional que corren peligro de desaparición están cargados de valores simbólicos para el sentido de pertenencia de ese pueblo, forman parte de su identidad étnica y de su modo de vida. Precisamente el papel de la política cultural, mediante su identificación, declaración (jerarquización) y protección, es el de revitalizar esas manifestaciones culturales a partir de sus propios portadores, que deben funcionar como transmisores.

Acerca del segundo aspecto, las manifestaciones culturales cotidianas son procesos vitales de las personas y por lo tanto están sujetos a cambios permanentes. Por ello, la relativa «fidelidad» de un proceso de preservación de la cultura popular tradicional debe enfrentar los desafíos del cambio sin perder sus cualidades caracterizadoras. De manera que la preservación de este patrimonio no es un acto de taxidermia sino que es el propio transcurrir de la vida humana, con todos los avatares que ella conlleva.

El tercer aspecto es también muy delicado porque una jerarquización apropiada puede generar, por oposición, un acto de discriminación por desconocimiento o por desconsideración de las variantes regionales o locales de determinada manifestación. En este sentido, la Sra. Yim argumenta: «Nuestra experiencia en la República de Corea nos ha enseñado que designar algo como patrimonio cultural sólo constituye el principio de un esfuerzo de conservación y que sobre la marcha va surgiendo toda una serie de nuevos problemas» que deben ser resueltos adecuadamente.

Sin embargo, esta valiosa experiencia no proporcionó la elemental deducción que, ni los portadores de la cultura ni sus saberes, técnicas y habilidades, son tampoco «inmateriales», sino seres vivos agrupados socialmente cuyas energías vitales y acciones son el resultado histórico de la alta especialización de la materia que condujo a la evolución humana en los órdenes ontológico, gnoseológico y axiológico, de acuerdo con las peculiaridades adaptativas y transformadoras del ecosistema.

Por otra parte, lo más valioso de la intervención del Sr. Makio Matsuzono estuvo centrado en la idea fundamental de que en la práctica: «Es imposible separar estas dos formas de patrimonio», con diversos ejemplos de su experiencia como africanista japonés. Este razonamiento tampoco le condujo a concluir que esta manera estéril de dividir el patrimonio en «material» e «inmaterial» resulta a la larga nocivo para el conocimiento integral de la cultura, al separar artificialmente a los portadores (seres humanos) de sus obras (sean tangibles, visibles, audibles, gustables, olibles, orientables en el espacio-tiempo o transmisoras de energía vital).

El Sr. Sid Ahmed Baghli se apoyó en un exergo de Mohammed Bedjaoui, quien ha sido uno de los principales autores de la Convención y fue quien dirigió las reuniones de expertos en las que se discutió el texto, para resaltar el papel de la Convención en relación con el trabajo de los museos. Analizó el concepto del denominado «patrimonio cultural inmaterial» en sus diversos alcances:

- semántica y campo de acción (minorías, pueblos indígenas y aborígenes, comunidades, etc.) [No explica si los propios gestores del concepto están incluidos en la categoría de etc., pues estos son portadores de los conocimientos que les permitieron elaborar tan importante documento].

- tradiciones y expresiones orales, incluido el idioma como vehículo del patrimonio cultural. [Aquí no cae en la trampa del lingüista Rieks Smeets al creer que la lengua es un vehículo del patrimonio cultural inmaterial, como si el sistema de fonación humana y la capacidad de emitir ondas sonoras que pueden ser escuchadas y decodificadas por otros hablantes de esa lengua fuera inmaterial, incluso la información misma que se transmite, pues también puede ser grabada, filmada y reproducida].

- usos sociales, rituales y actos festivos.

- conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo.

- técnicas artesanales tradicionales.

De este modo subraya muy oportunamente que: «El replantearse el papel de los museos se ha vuelto necesario en la lucha por salvaguardar y valorizar nuestros bienes culturales, cada vez más numerosos, valiosos y frágiles. De hecho, la definición misma del museo debe ser revisada y su campo de acción ampliado».

En esa misma dirección, la Sra. Hongnam Kim comparó las experiencias realizadas por el Museo de la Universidad Femenina de Ewha, Corea, con el poblado rural de Gurim, respecto del trabajo llevado a cabo por el Centro de Arte Le Consortium, de Dijon, Francia, con los pueblos de la región de Borgoña. En el primer caso: «Para mantener vivo el interés y las expectativas de los habitantes y del gobierno del pueblo, era de vital importancia lograr que el patrimonio cultural local fuese relevante para el mundo contemporáneo»; y en el segundo estuvo dedicado a «la restauración de viejos lavaderos abandonados de unos veinte pueblos rurales». En ambos casos la toma de decisiones se basó en la participación de todos los involucrados y promovió la responsabilidad colectiva sin procedimientos centralistas. vDe ese modo concluyó: «Es importante ser no sólo respetuosos sino también críticos con las comunidades y sus gentes para involucrarlos en el proceso dinámico de recreación de una cultura con un sentido de equilibrio y discernimiento».

Como síntesis de las sesiones plenarias, el Sr. Per B. Rekdal, Presidente del ICME, reseñó un conjunto de ponencias sobre el tema Patrimonio inmaterial viviente, no por contradictorio menos interesante, pues si el ser humano es parte de los organismos vivos y tanto ellos como lo que producen forman a su vez parte de la materia en su amplia acepción científico-filosófica, la formulación lógica resultante es un verdadero sinsentido. Entre los temas de las ponencias vale destacar la protección legal de este patrimonio y sus procesos de aplicación en diversas condiciones.

Volvió a salir a la palestra de discusión varias cuestiones primordiales: «¿Qué merece la pena conservar?, ¿Debe ponerse un mayor énfasis en la reproducción exacta o en el cambio y la evolución constantes?, ¿Cómo se puede mantener un número alto de practicantes y garantizar una base amplia para el patrimonio inmaterial?, ¿Qué significa el término “viviente”?». Esta última cuestión ya había sido planteada y resuelta por varios ponentes.

Junto con las experiencias de Corea, como país anfitrión, se sumaron las de México, Filipinas, Estados Unidos, Sudáfrica, Noruega, Nueva Zelanda y el Reino Unido.

Otro conjunto de temas versó sobre La protección del patrimonio cultural, cuya reseña estuvo de cargo de los Señores Pavel Jirásek y Hans Jürgen Harras. No sólo se hizo énfasis en la legislación al respecto, sino muy especialmente en las condiciones de peligro que enfrenta el patrimonio como resultado de los conflictos bélicos, saqueos y desastres naturales. En esa ocasión Patrik Boylan presentó el Segundo protocolo sobre la protección de la propiedad cultural durante conflictos armados, sin que aun hubiera acuerdos sustanciales al respecto.

Otra sesión estuvo dedicada al Patrimonio digital y museos del futuro, que fue presidida por Cary Karp. Aunque el valor del patrimonio digital es un tema indiscutible en relación con el dinámico papel de las nuevas tecnologías y sus amplísimas perspectivas en todos los órdenes, considero que circunscribirlo o equipararlo con la idea del lamentablemente denominado «patrimonio inmaterial» resulta un desacertado ruido en el sistema. Pues este patrimonio puede contener todo tipo de información (texto, imagen, sonido…) e incluir, como los museos virtuales que ya existen, tanto el denominado «patrimonio material», como las diversas formas visuales, sonoras o textuales del patrimonio cultural vivo.

En este ámbito debo resaltar el título de la ponencia de Kenneth Hamma, denominada ¿Inmaterial yo?, lo que obviamente hace añicos todas las disquisiciones sin fundamento científico. Este autor valoró la importancia del patrimonio digital y consideró diversas medidas de protección seguras que deben trascender el ciclo vital de sus creadores o autores. vComo es habitual en estos eventos, la Conferencia culminó con una Declaración de apoyo a la Convención, a su ratificación por todos los Estados, a la creación de un Fondo de Promoción de este patrimonio, al fomento de la legislación al respecto, al papel de los museos en el acopio, preservación y promoción del patrimonio, a la colaboración de las Organizaciones Regionales, los Comités Nacionales y otros órganos del ICOM, y a la formación de profesionales de museos. Consideró las resoluciones anteriores del ICOM (1986, 1989 y 2001) y aludió a la Resolución no. 2 de la 18ª Asamblea General del ICOM, para declarar, entre otros aspectos que: «Deplora y condena los saqueos y actos de vandalismo contra toda institución de cualquier país encargada del patrimonio cultural, como los que por desgracia se perpetraron recientemente en Irak y otros países». También reconoció el buen funcionamiento de la Resolución no. 2 sobre la autonomía de los museos adoptada en la 20ª Asamblea General del ICOM y «Reitera los términos de dicha resolución, con miras a que los museos logren una mayor autonomía financiera y funcional».



Junio de 2005




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