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 Puerto Rico - “Pueblo negro”, de Luis Palés Matos



Deicy Jiménez      dejimene@ufl.edu





La obra del poeta puertorriqueño Luis Palés Matos es conocida principalmente por su aporte a la poesía negrista. El tema africanista en su producción poética muestra una evolución que va desde las influencias modernistas hasta una expresión completamente vanguardista, marcada por el uso de la onomatopeya y la jitanjáfora. El poema “Pueblo negro”, escrito en 1925 e incluido en la colección Tuntún de pasa y grifería (1937), representa su temprana etapa negrista. Clásico en términos formales, “Pueblo negro” representa el elemento africano a través de sus cualidades estereotípicas, como por ejemplo, el primitivismo y la sensualidad. El poema se convierte en una especie de cuadro evocador en el que lo negro se esencializa y se plasma de una manera estática.

Una de las características más sobresalientes de los movimientos vanguardistas, que tenían lugar en el momento en que se escribió “Pueblo negro”, fue la búsqueda de lo nuevo. En este sentido el libreversismo era favorecido por brindar la posibilidad de experimentación con la forma. Sin embargo, Palés Matos prefiere el uso de una forma clásica:

Esta noche me obsede la remota
visión de un pueblo negro...
—Mussumba, Tombuctú, Farafangana—
es pueblo de sueño, (Palés Matos 126) [1] .

La combinación de versos heptasílabos y endecasílabos que aquí encontramos se presenta a través de las siete estrofas que conforman el poema. También se da la rima asonante en los versos pares. La expresión del tema africano por medio de una métrica clásica marca los inicios de su obra negrista (había escrito el soneto “Danzarina africana” entre 1917 y 1918). Esta preferencia no responde a una intención de ruptura (como sí ocurrió con otros poetas vanguardistas). Representa una transición de una poesía con gran influencia modernista a una poesía más madura y personal.

La estructura del poema está marcada por la relación entre la voz poética y el tema del poema. En el primer y segundo versos, un sujeto poético en primera persona expresa su obsesión por este pueblo: “Esta noche me obsede la remota/ visión de un pueblo negro...”. A continuación, incluye entre guiones tres nombres de espacios africanos: “—Mussumba, Tombuctú, Farafangana—”. Los guiones distancian al sujeto poético de este espacio, que además es una “remota visión”. Los tres versos que concluyen la primera estrofa reafirman la idea de alucinación o ensueño: “es un pueblo de sueño,/ tumbado allá en mis brumas interiores/ a la sombra de claros cocoteros”. De esta manera la irrealidad permea todo el poema. El “pueblo negro” viene a ser parte del recuerdo o del pensamiento del sujeto poético.

Las cinco estrofas siguientes conforman el núcleo descriptivo del poema. En éstas el sujeto poético da detalles de su visión o sueño. El cuadro evocador de un pueblo perdido entre sus “brumas interiores” está conformado por un elemento visual y otro auditivo. Los dos primeros versos de la segunda estrofa introducen lo visual que se extiende hasta el final de la tercera estrofa: “La luz rabiosa cae/ en duros ocres sobre el campo extenso”. La voz poética pinta con palabras el paisaje de su sueño. La cuarta estrofa funciona como puente entre el elemento visual y el auditivo y reafirma la idea inicial de irrealidad:

Allá entre palmeras
está tendido el pueblo...
-Mussumba, Tombuctú, Farafangana-
Caserío irreal de paz y sueño.

Los dos primeros versos de la quinta estrofa funcionan igualmente para presentar el elemento auditivo: “Alguien disuelve perezosamente/ un canto monorrítmico en el viento”. Los “diptongos soñolientos” y las “guturaciones alargadas” son parte del canto de una negra. Su voz es tan distante como el espacio en que habita: “que dan un don de lejanía al verso”.

La estrofa final retoma de manera directa la relación emotiva entre el sujeto poético y su visión. El canto de la negra se va convirtiendo en un simple rumor. A medida que se disuelve su voz, toda la imagen se va disipando, como quien despierta de un sueño o se aleja de un recuerdo:

Al rumor de su canto
todo se va extinguiendo,
y sólo queda en mi alma
la ú profunda del diptongo fiero […].

La conformación estructural del poema, sumada a su aspecto formal analizado anteriormente, demuestra que en la primera fase negrista de Palés Matos el elemento africano estaba ligado a la intimidad del poeta. Es decir, existía dentro del espacio poético como un elemento referencial o como objeto de goce del poeta. De manera similar a la función del japonesismo en la poesía modernista, lo negro parece responder a una actitud escapista.

En el poema “Pueblo negro”, lo señalado anteriormente conlleva a una representación estereotipada de lo negro. La descripción del pueblo crea un paisaje primitivista. Este lugar había sido esbozado en un poema escrito en 1921. En “Esta noche he pasado” se lee:

Esta noche he pasado por un pueblo de negros.
el caserío inmundo se amontona en un rojo
pegote miserable de andrajos y de ruinas,
y sobre el viento cunden ásperos tufos
de lodos y amoníacos, mientras entre las sombra,
los sapos negros croan al fondo de la noche.

La atmósfera creada por estos versos es semejante a la de “Pueblo negro”: “y la humedad del árbol corpulento/ evapora frescuras vegetales/ en el agrio crisol del clima seco”. La inclusión de animales de origen africano complementa el cuadro:

El compacto hipopótamo se hunde
en su caldo de lodo suculento,
y el elefante de marfil y grasa
rumia bajo el baobab su vago sueño.

Palés Matos ha escogido imágenes que sinteticen el paisaje africano. Representan la imagen preconcebida del continente “salvaje” por excelencia: selvas tropicales llenas de animales exóticos.

El elemento humano se representa íntimamente ligado al medio “salvaje” en el que habita. En la quinta estrofa, la voz poética nos da cuenta de la presencia de un ser humano: “Alguien disuelve perezosamente/ un canto monorrítmico”. Su identidad africana se relaciona con su lenguaje ya que su canto está “pululado de úes que se aquietan/ en balsas de diptongos soñolientos, y de guturaciones alargadas”. Algunas palabras incluidas en otros poemas de Tuntún de pasa y grifería (como por ejemplo tun-cutum, bambú y Tombuctú entre otras) muestran la prominencia de la vocal “u” en los lenguajes africanos. Prevalece la idea de primitivismo a través de las palabras “diptongos” y “guturaciones” que en el poema “Esta noche he pasado” se relacionaban directamente: “...(Y doy a imaginarme/ golpes secos de gongo, gritos, y un crudo canto/ lleno de diptongueantes guturaciones ñáñigas”. Los gritos y las guturaciones se acercan más a lo animal que a las lenguas desarrolladas por el ser humano.

La relación señalada anteriormente a través del lenguaje queda explícita en la sexta estrofa: “es la negra que canta/ su sobria vida de animal doméstico”. Se presenta en esta estrofa otro aspecto estereotipado de la raza negra: su sexualidad. En el poema se lee:

la negra de las zonas soleadas
que huele a tierra, a salvajina, a sexo.
Es la negra que canta,
y su canto sensual se va extendiendo
como una clara atmósfera de dicha
bajo la sombra de los cocoteros.

El olor de esta mujer establece una relación animal con su medio ambiente. La enumeración de elementos que describen su aroma no es caótica. Guardan una estrecha relación entre sí. Es contundente que el verso termine en la palabra “sexo”. La sexualidad de la mujer negra es puesta en el mismo orden significativo de la tierra y las fieras y se resalta como una cualidad que puede producir “una atmósfera clara de dicha”. La representación de la mujer negra queda supeditada a sus virtudes sexuales. De esta manera, el sujeto poético masculinizado la concibe como objeto de goce sexual. También, en la última estrofa se hace una equivalencia entre la “u” de las “diptongueantes guturaciones” y el útero de la mujer:

y sólo queda en mi alma
la ú profunda del diptongo fiero,
en cuya curva maternal se esconde
la armonía prolífica del sexo.

Las funciones de la mujer negra se limitan a su sexualidad y a su función maternal.

En conclusión, el poema “Pueblo negro” representa una temprana fase negrista de Luis Palés Matos en la que se combinan aspectos formales clásicos con el tema africano. La representación de lo negro queda limitada y estereotipada. Su función es básicamente la de definir un sujeto poético concentrado en sus sueños y sus “brumas interiores”. El elemento africano queda plasmado de esta manera como un cuadro primitivista. Su presencia es pasiva y estática. Posteriormente, Palés Matos lograría resolver el asunto a favor de lo negro al liberarlo de su interior, al sacarlo de la irrealidad a través de una poesía libre de métricas clásicas, del uso de la onomatopeya y de una concepción más dinámica de la cultura africana.



Nota

(1) Palés Matos, Luis. Tuntún de pasa y grifería y otros poemas. 1937. Ed. Trinidad Barrera. Madrid: A. & M. Muchnik, 1995. Todas las citas son de esta edición.



La Casa de Asterión - Revista Trimestral de Estudios Literarios - Volumen V – Número 19

Octubre-Noviembre-Diciembre de 2004


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