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 El inquilino de la casa de Oggún



Manuel González Bello      www.lajiribilla.cubaweb.cu



[Una de las últimas entrevistas hechas a Lázaro Ross - NdR]



Lázaro Ross, a los 76 años de edad, es el Akpwon mayor de la música de origen africano en Cuba. Ha llevado su canto a más de 50 países y confiesa que todo cuanto tiene se lo debe a la Revolución y a sus santos.

Con su sonrisa permanente y una bondad inocultable, Lázaro Ross está ajeno a toda la vanidad a que pudo haberlo conducido la gloria proporcionada por el arte. Hay una ética y una actitud ante la vida que pudiera inferirse de sus palabras: "A mí me dijeron los santos cuando tenía 25 años que con mi arte iba a recorrer el mundo y eso se cumplió. Me dijeron que siempre debía ser humilde y yo les he cumplido."

Lázaro Ross es el cantante de música yoruba que, cualidades vocales e interpretativas aparte, con más fidelidad canta en voz yoruba en Cuba. Primero como solista del Conjunto Folclórico Nacional y ahora con su propio grupo, ha ido haciendo una carrera profesional lenta, pero efectiva.

Nació en el habanero barrio de Santo Suárez, en la calle Correa 265. Su familia era extremadamente humilde y él tuvo que comenzar a trabajar a los once años, como repartidor de leche. Su familia era fiel a la religión católica.

-Pero al fondo de mi casa había una familia que se dedicaba a los santos. Me paraba en la acera y veía aquella comunidad tan linda, de gente pobre pero con mucha fe y amor. A pesar de que mi madre me regañaba siempre, me escapaba de mi casa y me metía en las fiestas. Allí, de niño, ya cantaba; pero era muy chiquito y los mayores, aunque me respetaban, no me hacían mucho caso.
Después, cuando fui creciendo, me iba a Calimete, Perico, Colón, Jagüey Grande, Carlos Rojas y otros pueblos de Matanzas a cantar. Iba a cantar y a aprender.

-¿Y cómo aprendió a cantar?

-Los viejos me enseñaban, siempre me regañaban cuando pronunciaba o cantaba algo mal; es que el dialecto es muy difícil. Ellos me enseñaron muchas cosas en las casas. Ir a la casa de un santero es ir a un templo. Ellos me invitaban para que cuidara si había algún problema. Así me gané su respeto. Para aprender a cantar yoruba hay que tener corazón y querer el canto. Y tener un oído muy fino, porque los viejos te decían: Ció, so no sé así. A los tres o cuatro días les preguntaba y me explicaban a pronunciar y cantar como era debido.

Lázaro Ross no lo ha confiado todo al destino augurado por sus santos. Como buen hijo de Oggún, gran parte de su éxito se lo debe a su esfuerzo personal, a su laboriosidad, a su empeño. Pero él insiste en no resaltar virtudes personales.

-Todo esto que usted ve y mi vida, se lo debo a la Revolución y a mis santos. He cantado en más de 50 países, he dado clases en las escuelas de arte, en Cubanacán; me han dado premios, tengo el reconocimiento del pueblo. Esto que está ocurriendo ahora debió pasar hace cien años, para gozarlo más todavía.

-¿Y si alguien le ofreciera mayores riquezas a cambio de...?

-¿Dinero? ¿Qué dinero podrían ofrecerme a mí? Aquí en Cuba están los huesos de mi madre, de toda mi familia, y los míos tendrán que estar con los de ellos.

Lázaro se inició como babalao a los 25 años. "El yoruba es más fino que el congo, pero el congo es muy simpático. El yoruba tiene muchos conocimientos de la medicina y las hierbas, todo eso me gusta", dice.

-¿Ha sentido menospreciado su arte?

-Todavía hay gente que no lo acepta. Le voy hablar como religioso, hablo con la verdad. Cada uno viene con un camino. Yo nací para cantar. Había mucho racismo entre los mismos negros. Había sociedades de abogados, de doctores, ya después venía la sociedad de mulatos. Si eso pasó durante tanto tiempo, algo tiene que quedar, ¿no le parece?

-¿Cómo ve el futuro de su arte en Cuba?

-Fidel nos ha enseñado que el pueblo debe conocer el arte. Ahora cada pueblo hará su arte, pues cada pueblo tiene su música, sus costumbres. Matanzas tiene un toque distinto, Santiago tiene el suyo. ¿Que alguien no quiere hacer yoruba?, bueno, hace arará, o congo. Y al final de año podrá hacerse un festival que servirá de intercambio. Así el folclor se expande más y la gente lo respeta. Veo muy bien el futuro.

-Ahora que menciona provincias. Usted es un habanero legítimo.

-Soy habanero, pero si supieras: me gusta mucho la provincia de Matanzas. Los matanceros son guaracheros, pero tienen otro carácter, me parecen más unidos que los habaneros. Santa Clara también me gusta. Y Santiago de Cuba... ¡ay por Dios con los santiagueros!

-¿Nunca ha experimentado envidia?

-¿Por qué? ¿Y cuándo te mueres a dónde va la envidia?

-Evidentemente es usted un hombre de paz.

-Siempre he sido serio y tranquilo, no me gusta la violencia. A no ser que me moleste, entonces lo mismo cojo un machete que cualquier cosa, por eso me controlo para evitar problemas.

-¿Cuando se sintió que era Lázaro Ross?

-No hay que vanagloriarse de nada. La vida enseñará sencillez y modestia para tener reposo y paz.

-En estos momentos es muy reconocido por el pueblo, ¿qué significa eso para usted?

- Me hace sentir que he hecho un trabajo requetebueno, porque he gustado al público. Yo nunca pensé que esto me llegaría, hasta hoy. El amor que yo le tengo a mi canto, a mi religión y a mi país, ese mismo amor me ha dado mi pueblo.

-Usted no se ha encerrado en su cultura, recuerdo que hizo un disco de rock.

-Hice un disco con el grupo Síntesis. Yo tenía la idea de hacer algo distinto siempre. En 1943, Obdulio Morales el musicólogo hizo un grupo de madera para tocar música folclórica y se pasaba todos los domingos por la noche por la radio. Eso a mí me quedó dentro, y en esos tiempos yo andaba aprendiendo en la calle. Síntesis fue a la EGREM a grabar y me llevaron para que asesorara, y allí me pusieron a cantar. Con ese disco ellos ganaron el Premio EGREM, pero no me avisaron, y luego fueron a Inglaterra y no me llevaron. Son boberías, la inocencia de la gente. "Después vino Pablo Menéndez, el del Grupo Mezcla, y me dijo: 'Tú no sabes lo que yo daría por hacer un disco contigo'. Y yo le respondí: 'Ya lo estamos haciendo'. Pablo me dijo: 'Las ocho canciones las cantas tú, nosotros te ayudamos con el coro'. Pero en mi casa eso era tradicional, mi abuela tocaba guitarra y cantaba. Los domingos se reunían en mi casa, se hacia una comida y después a cantar y guarachar. Mi hermano era primera viola de la Orquesta Sinfónica. Hay que estar abiertos a toda la música, hay que avanzar, no se puede estar enclaustrado. Con Mezcla actué en Estados Unidos".

Lázaro Ross es fundador del Conjunto Folclórico Nacional, en el que permaneció hasta su jubilación hace cinco años. Ahora tiene su propio grupo y no cesa de trabajar. Pero lo más trascendente de los últimos tiempos es la grabación, en los Estudios Abdala, de una serie de trece discos con el ciclo de música yoruba.

-Con esos discos pretendo que quede como una muestra de nuestras raíces, y que después, con los años, se mantenga lo más pura y auténtica nuestra música, como me enseñaron a mí. Los viejos se llevaron muchos secretos, pero en mí confiaron y me entregaron muchas verdades. Cada disco tiene más de cuarenta cantos. Uno de esos discos, 'Yemayá', fue nominado para el Premio Grammy. Y ahora estoy pensando en otros proyectos, uno de ellos es una ópera yoruba con Chucho Valdés, con quien ya había grabado el disco 'Babalú Ayé'.

Una conversación con Lázaro Ross es como sumergirse en la calma. Ni por un segundo uno imagina que está hablando con uno de los grandes de la cultura cubana. -¿Puedo volver a su casa, a visitarlo?

-Cuando usted quiera. La casa de un babalao es un templo. Esta casa es de Oggún, yo soy solamente el inquilino. Oggún quiere que pase tranquilo mi vejez, como la estoy pasando.



Mayo 2005


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