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 Alí Primera en su Año de la Canción Bolivariana 



José Millet    milletjb2004@yahoo.com


Escritor y antropólogo cubano, fundador del Festival y de la Casa del Caribe y jefe de redacción de www.caribenet.info



(vease también    ¡Alí vive! y
la galería virtual Alí Primera y la canción venezolana)



¿Quién tuviera la dicha de llamarse Simón? (Canto popular)



A Guachirongo llego un día Alí buscando al poeta Wilmer Peraza, a quien su madre le dijo que un “greñudo” lo solicitaba. Conocedor profundo de la música de su pueblo, sabía que no era una simple afirmación aquella de que Barquisimeto era la “ciudad musical” del país. Había visitado muchas veces la región larense a partir de su relación sentimental con la cantante Sol Musset, de Acarigua, y había aprendido a justipreciar la voz de un Pío Alvarado, destinatario feliz de una de sus más sentidas canciones. Ahora venia en busca de un “loco” dedicado para la década de los setenta y luego ochenta al trabajo con los artistas populares, desde su caserón barquisimetano convertido en centro de encuentro con personajes callejeros, de poetas, bohemios, intelectuales... todos gente de definida posición de izquierda. Debajo de este semeruco donde ahora recordamos aquel memorable encuentro, se sentaron ambos y se reconocieron en lo esencial en lo que era cada cual y en lo que los unía: se trataba de dos personas de procedencia campesina, sensibles, que sufría cada cual por el dolor que padecía su pueblo, por la tierra mancillada, por la esclavitud padecida y por la necesidad de unirse en el canto y en la palabra para levantar la conciencia necesaria que provocara el cambio en la conciencia de la gente humilde. Coincidieron en eso: en el canto necesario para la liberación, fundamento y sustancia de su lucha. El pacto quedo sellado con un sorbo de la bebida preferida de Alí: el “caballito frenao”.

El tiempo es una cielo azul donde transcurre el combate por la patria que no se tiene y que se hace lo imposible por alcanzar. El potro desenfrenado que es para los hombres que luchan la vida, paso galopando junto a los dos; dejo estrellas por el camino y levanto chispas en la cabalgadura. El patio del caserón de estilo colonial que alberga Guahirongo desde hace 30 años, se convirtió en sitio de obligada parada del poeta paraguanero. Servando Garcés, El colorado, su amigo del alma y poeta como ellos, esperaba también el habitual refrigerio preparado por las manos de hada madrina de Maria Eugenia, siempre presta a obsequiar la conservita de coco al “poeta de la vida, al juglar de la luna, de la esperanza, de la humildad, del amor, de los sueños, de las casitas de cartón”.. Y desde allí Wilmer lo hizo conocer entre los cultores populares y demás amigos vinculados a esa meta común de unir a la gente de pueblo, movilizarla a través del sacudión que proporciona la palabra hablada y aun más aquella otra que se lanza, cual piedra al rostro de quienes no terminan de despertar, a través del canto. Fue así como ese pacto sirvió de puente para un intercambio de frutos entre dos regiones unidas por tantas cosas: Alí ofrecía lo mejor de su Paraguaná natal a los larenses y éstos le pusieron en sus manos el tamunangue, la combinación del tambor y las cuerdas, y los cerros gloriosos que cobijaron a “Argimiro Gabaldon con su corazón y brazos.”

Fue sellada una partida entre el Coro de barro natal, prolongado en la Paraguaná de sueños y juegos infantiles, donde se mece triste el cují azotado por los alisios, y esta otra parte de la tierra herida donde palpita a flor de piel la rebeldía de los primeros tiempos de este país y se levanta el tres sonoro junto al tambor para celebrar cada día luminoso el nacimiento de una vida nueva. Esa época que Alí llamo “la humana”. Así se hizo frecuente la visita Guachirongo del autor de Techos de cartón, a quien le presentaron a un hermano de Wilmer aficionado a la fotografía como su padre Eusebio Peraza. La hermandad extendió sus brazos a Porfirio, “Pillo”, un educador amante de la cultura, siempre a la caza de los detalles de su ciudad natal y su gente y en cuyo horizonte se había situado Alí, de quien captaría instantes muy importantes de su trayectoria vital hasta poco antes de su muerte, ocurrida el 16 de febrero de l985.

Alma de hermano ganada en la comunión de la lucha, de ideales compartidos, fue puesta por Pillo para seguir al juglar falconiano en muchos de sus recorridos por la geografía venezolana. En particular, la mayoría de sus instantáneas dan fe de la mucha energía desplegada en el avance del conocimiento de la necesidad de actuar para hacer avanzar la conciencia de la situación de extrema indefensión y explotación a que estaba sometido el pueblo, víctima de la manipulación de los políticos de turno que se turnaban el poder y de los oligarcas que lo despreciaban. Había que predicar con el ejemplo: con la honestidad a toda prueba, dirigida a sentar una radical diferencia con quienes concebían el gobierno sino como un medio fácil para robar las arcas publicas y enriquecerse descaradamente. El vate paraguanero cobraba vertiginosamente también conciencia de lo que había que hacer para movilizarlo en torno a un único y supremo objetivo: lograr la unión para superar la situación enajenante en que se encontraba la sociedad venezolana. Predicar con el ejemplo significaba en primer lugar volver la cara a los cantores portadores de las tradiciones auténticas del pueblo, los olvidados de siempre y los nunca tomados suficientemente en cuenta en los programas y planes “oficiales”.

Junto a ellos estuvo siempre Alí, pegado al corazón de la patria para estar atento a sus latidos y vibrar con ellos en cada una de sus composiciones poéticas. Pegado su oído al pecho de la Venezuela profunda y altiva, para seguir con su voz las inflexiones de una garganta con un grito de protesta que surgía de lo más profundo de la tierra. Luego lo supo expresar con vehemencia y agudo sentido del decir de los humildes, a quienes quería sumarse en esa canción necesaria: hija de las necesidades expresivas y de aquellas otras vinculadas a la unión indispensable en la marcha hacia metas trascendentales en todos los ámbitos de la vida social.

En esa romería por sitios olvidados de la Patria se sello una fraternal y profunda relación que luego la muerte la convertiría en pasión porque no se extinguiera Alí ni su canto, como el mismo lo había pedido. No hubo fecha ni acontecimiento en su vida que la cámara inquieta no registrara: su boda con Sol, el bautizo del disco de Maria Carlota, su defensa de la naturaleza herida a través de la Canción Solidaria con el Cerro Galicia, sus actuaciones en Coro o Paraguaná, en Mérida, en el Tocuyo, en la campaña política de José Vicente Rangel y en los diferentes escenarios elegidos por Alí para conmemorar el Bicentenario del nacimiento de El Libertador mediante El Festival Canción Bolivariana, el evento que pasaría a la historia de la cultura de Venezuela y del continente por muchas razones, entre la cuales cabe destacar su apego a la necesidad de que no fuesen los cantantes de escenario o tarima sus principales actores, sino los verdaderos cantores del pueblo, surgidos de su entraña y no de la academia, quienes pasaron a primera página gracias a ese acto de justicia estética. Baste mirar la foto encantadora de Alí con Pío Alvarado, en abrazo que refleja el simbolismo de una misión: la de reivindicar al pueblo a través del realce de sus hijos genuinos. De allí surgió la idea de organizarlos en lo que se denominaría la Asociación Cultural Canción Bolivariana, que después de la siembra del Cantor del Pueblo llevaría su nombre hasta el presente.

Tampoco escaparon al lente escenas de la vida familiar: de la zambullida en la playa El Supí, de Paraguaná, con su retoños Sandino y Servando y su Sol encinta; en su apartamento de El Valle; con su madre en abrazo inolvidable y sonrisa profunda...De ahí que, desde poco menos de un mes de aquel fatídico accidente, se inaugurara la primera muestra fotográfica en el edificio oeste de la Sala de Exposición de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, de Barquisimeto. Dos mil setecientas imágenes que captaban los momentos cruciales de la vida y de la meteórica carrera artística y social de este excepcional vate falconiano. Todo aquel trabajo hecho con el esfuerzo personal y el escaso peculio de un educador amante de la cultura y seguidor de las ideas, del pensamiento revolucionario y el ejemplo de Alí. Su autor material y productor ad honorem , Pillo Peraza, había recorrido medio Venezuela para recopilar importantes documentos que ahora se ponían a disposición de la sociedad y se había ganado la confianza y amistad de la familia de los Primera, hasta el punto en que le permitieron copiar íntegros sus álbumes íntimos y recibir en donación cartas autógrafas escritas por Alí en diversos países y circunstancias. A partir de entonces, esa muestra recorrería Barquisimeto y todo Lara, hasta alcanzar los más disímiles escenarios del país. ¡Lástima que se desconozca aun hoy esa trayectoria de luz y de fuego en México, Nicaragua, Alemania, Rumania, Suecia o Cuba, donde Alí vivió, estudio, escribió, produjo discos, actuó... tuvo amores con hijos que viven enorgullecidos de su padre y amigos que todavía lo recuerdan con el mismo o más fuerte cariño del primer encuentro y, en fin, dejo definitivamente sembrada una imagen imperecedera de su patria y su cultura!!!

Aquel evento organizado por Alí en 1983 no contó con otros recursos materiales ni financieros que no fueran los de la voluntad y entrega apasionada de su principal animador. A él asistieron lo más representativo de los intérpretes y agrupaciones de la denominada “canción protesta” de Venezuela y de Brasil, México, Chile y Cuba. Quede como ejemplo a seguir por quienes proclaman que sin dinero no se puede “organizar” la cultura. El dinero es necesario, mas no imprescindible y cuando no le tiene, se le busca y obtiene. Para quienes todavía albergan duda acerca de este punto, por favor, inclínense no ante la cruz sino ante la tierra o consulten el calendario festivo anual donde parecen las celebraciones de Las Turas o dense un paseo por Yaracuy un doce de octubre: conversen o averigüen con qué apoyo oficial o institucional cuentan quienes organizan cada año la principal fiesta de la religiosidad autóctona del pueblo venezolano en las montañas de Sorte y Quiballos...

Como preludio a una segunda edición, el Fondo Editorial Cerbero del Centro Cultural Guachirongo publico en 1997 el folleto Vida y obra del cantautor Alí Primera, con palabras de presentación del “Gordo” Jesús Páez y utilizando parte de ese material gráfico referido. En diciembre del año siguiente vio la luz el primer número de la revista Patria Nueva, “órgano divulgativo de la Asociación Cultural Bolivariana Alí Primera”, dedicado casi íntegramente a reseñar y graficar la primera edición del evento y la segunda en la que fue determinante la participación del centro relacionado a la organización del evento que recibió el apoyo de la Gobernación y de la alcaldía Iribarren. El 27 de julio de 1997 Barquisimeto pudo presenciar el talento de muchas agrupaciones de la cultura popular venezolana que allí se dieron cita, así como el arte de cantores de la talla internacional de José Montecano, Carlos Ruiz y el Gordo Paez, además de contar con la presencia de Tita Parra, de Chile, Yamandu Palacios, de Uruguay, Alecir Carrigo de Antonina, de Paraná, Brasil y del cubano Manuel Argudín.

El local de la Asociación resulta un pequeño altar donde se exponen muestras gráficas relacionadas con Alí y se atesora esa valiosa documentación que ahora nos sirve para escribir un libro. Allí se han conmemorado casi religiosamente las fechas significativas del poeta paraguanero y se llevan a cabo semanalmente las “conversas patrióticas”, reuniones de educadores y gente interesada en la cultura que debaten temas relativos a El Libertador y con otras personalidades y hechos históricos vinculados al proceso de liberación nacional y descolonización cultural iniciado por Bolívar y continuado por Alí Primera, por otros medios y en circunstancias obviamente distintas. Esas conversas se han extendido a otras localidades y estados, donde la prensa las ha reflejado. Son parte de un Plan de actividades del “Año de la Canción Bolivariana Alí Primera” aprobado unánimemente por el referido acuerdo de cámara de la Asamblea Nacional de la Republica Bolivariana el 19 febrero del año pasado y reseñado por el diario Vea en su edición del día 26.01.05. página 13) .

Ese acuerdo hace justicia oportunamente a Alí, quien contribuyo a bajar de las estatuas pedestres en que lo habían encaramado la oligarquía y los burgueses antinacionales, al espíritu bolivariano que inspira el presente proceso de cambios irreversibles que vive Venezuela hoy en día. Este acto de justicia comenzó a fraguarse con la acción continua y sistemática de más de veinte años por parte de varios compañeros “guerrilleros de alma y en el desempeño de las armas poéticas” en aquellos tiempos difíciles de represión al pensamiento revolucionario y tuvo un episodio importante en una reunión sostenida con los diputados larenses Eric Antonio Jimeno y Dennys Peraza en el fondo del patio de la Asociación, a la sombra de una rama del cují que reina en Guachirongo y quiso tender un abrazo cálido al hermano. A ellos se han ido sumando varias personas más, como el cantor Henry Baldayo, que han contribuido notablemente al enriquecimiento del proyecto inicial de realizar la tercera edición del Festival Canción bolivariana Alí Primera, ahora con una proyección hacia el interior del país así como también hacia el continente y mas allá de él.

La acción concertada desarrollada durante estos últimos meses entre varias instituciones, cantores del pueblo y algunos diputados a la Asamblea Nacional tanto de Lara y Falcón como de Carabobo, permitieron elaborar colectivamente una propuesta que implica un acto de homenaje de la nación, que descansa en el mismo principio de honrar a los cantores movilizándolos en su comunidad o pueblo torno a los ideales, pensamiento y ejemplo de quien fuese declarado Patrimonio del Pueblo Venezolano y de toda Latinoamérica. De ella se derivo un calendario de actividades que se han ido cumplimentando, como la celebración del Día de la Juventud, celebrado el 12 de febrero; la Marcha de los claveles --una tradición muy hermosa que se realiza el 16 de este mismo mes en el lugar donde fue sembrado Alí en la península de Paraguaná; la participación en el Festival del Caribe que se realizará en Santiago de Cuba del 3 al 9 delo próximo mes de julio, cuya presente edición está dedicada a Venezuela y donde se le ha sido reservada una gala especial a Alí. Finalmente, está pautada la participación de cantores en el Festival Mundial de la Juventud los Estudiantes, a realizarse en Caracas, en el mes de agosto,; la celebración del natalicio de Alí el 31 de octubre y la conmemoración de la muerte de El Libertador con un acto solemne propuesto para realizarse en Santa Marta, Colombia, el 17 de diciembre.

En el Estado Lara han tenido lugar importantes eventos, como el instituido por el Consejo Legislativo Regional que tuvo como Orador de orden al poeta y animador cultural Wilmer Peraza; un acto emotivo en la calle 46 frente a la sede de Guachirongo, donde unieron sus voces cultores populares, poetas y declamadores; la realización de varios programas de radio y de TV, así como el oportuno publicación en la prensa plana de reseñas y artículos. Cabe destacar la aparición en Internet de varios trabajos sobre Guachirongo y acerca de Alí o de algunos de sus familiares y la circulación de artículos en circuitos alternativos que ha hallado eco en varias latitudes del planeta. Aquí todo lo que se haga en el ínterin reforzará la convocatoria para que la tercera edición del Festival de la Canción Bolivariana tenga lugar, el próximo 24 de Julio, como el más digno homenaje al símbolo que lo convoca: Alí Primera.

No escapa a la vista de cualquier observador que estamos hablando de un año de homenaje a nivel de toda Venezuela, de Latinoamérica, del Caribe y del mundo, porque Alí Primera, con su canto de redención y su vida militante a favor de la reivindicación y dignidad de los humildes , se ganó el mérito para ser honrado, y muy merecidamente, en todo el planeta.

Barquisimeto, marzo 4,2005.






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