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 La Casa del Caribe y Haití (I)



José Millet      milletjb2004@yahoo.com




Escritor y antropólogo cubano, fundador del Festival y de la Casa del Caribe



(véase parte II y parte III)



En Santiago de Cuba se respira un aire mezcla de las delicateces y aromas de Francia y del fuerte encanto y magia de la espiritualidad y cultura del cercano Haití. Muchos extranjeros se sorprenden al encontrarse frecuentemente con personas que hablan fluidamente el francés y, en ocasiones, asimismo el creole haitiano. El Maestro Ricardo Repilado Parreño, quien acaba de fallecer, me refería que uno de los aspectos más relevantes en esta presencia lo constituye el modo típico del hablar santiaguero, en el que apreciamos algo especial en la entonación.

Ese humus cargado de símbolos y referencias profundamente instaladas en la conciencia del lugareño, ha servido a muchos para inspirarse en obras de creación artística y a otros para hacer estudios culturales de gran significación para el reconocimiento del entramado de la cultura nacional, en el que conviven particularidades regionales como las del Oriente de Cuba, el que tiene en Santiago de Cuba epicentro y centro telúrico esencial. Así los hicieron artistas y directores artísticos de importantes conjuntos danzarlos, como el Conjunto Folklórico de Oriente, fundado a principios de los sesenta, para crear obras de un fuerte énfasis en las expresiones únicas del folklore de la región. Nunca olvidaré el impacto que produjo en mi juventud el ver desfilar en el carnaval del año 1965 una agrupación danzario-musical de origen haitiano y aun me lo sigue produciendo el de las comparsas tahonas, verdaderas piezas de un magistral rompecabezas franco-haitiano todavía no totalmente develado.

Cuando alguien me pregunta por el concepto de carnaval santiaguero, el único existente en nuestro país, yo respondo automáticamente: corneta china y Conga de Los Hoyos, esta última la agrupación carnavalesca más tradicional en su categoría de Cuba y surgida a partir de una Tumba francesa. Justamente, cuando realizábamos investigaciones de campo en la sede o Foco cultural de esta comparsa, en el brillo de los ojos de algunos de sus líderes se delataba el regocijo al afirmar que el toque de tambor y campana más original y que más furor provocaba en el pueblo era el masón, surgido de la entrañable raíz franco-haitiana que fecundó tempranamente estas fiestas en honor a Santiago Apóstol, patrono de la villa.

Por eso resulta nada extraño el constatar que, algunos lustros antes de que se oficializara la fundación de la Casa del Caribe el 23 de junio de 1982, varios de sus futuros integrantes habíamos realizado estudios acerca de la presencia haitiana en Cuba. Entre nosotros se distinguió el actor e investigador Alexis Alarcón Fajardo, nacido de una familia campesina del cuartón La Caridad, área ubicada en el macizo montañoso de la Sierra Maestra, del Municipio Palma Soriano, ciudad a la que hasta los cincuenta se le denominaba popularmente Haití Chiquito... La Caridad albergó uno de los asentamientos de haitianos más importantes del país por el hecho de haber conservado costumbres, el habla y tradiciones culturales del Haití de principios del siglo XX en que tiene lugar la gran oleada migratoria de braceros procedentes de ese país antillano. También quien sería luego el Director de la Casa, el historiador, narrador y ensayista Joel James Figarola, estudiaría e indagaría con detenimiento acerca de este fenómeno que, según él, ha devenido en el aporte más sustantivo de Haití a nuestra vida como nación libre y soberana.

Por una parte existía, pues, un sólido antecedente de investigaciones de campo realizadas por distinguidas personalidades representativas de la intelectualidad santiaguera, mientras que, por la otra, algunos miembros del Conjunto Folklórico de Oriente las dirigían a la indagación en las raíces de origen haitiano para montar danzas, bailes y espectáculos donde se pusiera de realce esta raíz caribeña en la cultura del oriente del país. El antiguo Conjunto Dramático de Oriente, fundado en 1961, y luego el Cabildo Teatral Santiago, fundado en 1976, continuaron trabajando en esta línea de indagación para el montaje de algunas de sus obras y es lo que le permite convertirse luego en el principal foco organizativo del Festival de las artes escénicas de origen caribeño, cuya primera edición se realizaría en abril de 1981. Especialistas destacados de esta ultima institución teatral, como los ya mencionados James y Alarcón, se aplicarían a estos estudios que profundizarían más tarde ya desde la perspectiva alentadora que ofreció a partir de su creación, la Casa del Caribe.

En el orden profesional mi motivación e interés por Haití arranca de la etapa de mi niñez y se canalizo más tarde hacia el estudio de su literatura, una vez concluidos mis estudios universitarios. Así, en la década de los setenta yo había ganado un premio nacional en un concurso literario con un estudio centrado en el análisis de la narrativa haitiana, el cual aparecería en el numero dos de la revista Del Caribe, que desde ese año precisamente se convertiría en el principal medio de difusión de las actividades y las obras en que iría dando noticia del amplio programa de investigación que ha venido realizando la institución en torno a la cultura caribeña.

Antes de la fecha de fundación de la Casa, pues, existía un trabajo de investigación de campo centrado en el estudio de las comunidades de haitianos y sus descendientes enclavadas en áreas cañeras del llano y en zonas cafetaleras de la Sierra Maestra, pertenecientes a la provincia. Esto es lo que permite la participación en el Festival del Caribe de grupos músico-danzarios de origen haitiano: en su primera edición el de la comunidad de Barrancas, ubicada en zonas cañeras y que se convertiría en el grupo insigne de la institución, entre otras razones por ser uno de los más antiguos y genuinos representantes del mestizaje, hibridación y abrazo de la sangre y el espíritu de ambos pueblos. En ella se han conservado muy vivas las estructuras, jerarquías y comportamientos propios de las sociedades denominadas gagás, procedentes de Haití y extendidas a la Republica Dominicana, país donde hicimos investigaciones de campo junto al antropólogo puertorriqueño José Francisco Alegría, de quien póstumamente se publicaría un importante libro en que se resumen los resultados de este trabajo.

En 1982, desfila en el Festival del Caribe el grupo folklórico de La Caridad, enclavado en lo más intrincado de ese macizo montañoso y al año siguiente otro similar de la comunidad haitiano-cubana del serrano asentamiento conocido por Pilón de Cauto, con lo se dejaba inaugurada la presencia haitiana en esta magna cita internacional. Se accedía así, al mismo tiempo, a un espacio ofrecido permanentemente a la cultura de que eran portadores estos inmigrantes y sus descendientes, lo cual concluiría con la dedicatoria del Festival a Haití en el año 198…

Precisamente en ese mismo año inaugural dejamos constituido el Centro de Documentación e información de la Casa con el nombre de una personalidad simbólica: Toussaint Louverture. A través del correo ordinario y de los medios de comunicación convencionales entonces al uso, se iniciaba una relación de intercambio de información y de documentos con más de trescientas instituciones culturales y académicas de más de una veintena de países de la región, de América Latina y del mundo. Entre esas instituciones, publicaciones y personalidades, estaban las haitianas, con quienes nos relacionaríamos de modo más directo, personal y en plano de amistad el poeta Jesús Cos Causse y yo. Nunca olvidaré el pasaje memorable en que ambos recibimos una carta del intelectual haitiano René Depestre, en la que nos anunciaba su decisión de renunciar a su habitual postura de escritor comprometido con las ideas más radicales y con la revolución...Pero no menos memorable ha sido la entrañable y comprometida amistad con otros intelectuales y artistas haitianos, con quienes hemos compartido ideas y posiciones políticas, sino asimismo experiencias que han unido nuestras vidas y destinos de manera inclaudicable. Afortunadamente, en este otro bando abundan los nombres de figuras destacadas, entre las que me permito apuntar a Martha Jean Claude, que sobrevivirá al tiempo y al olvido por su entrañable vinculación con Cuba y su destino.

La Casa inaugura un quehacer que la distingue del resto de las instituciones cubanas del país: su labor no sólo se dirige a estudiar y rescatar muchas de las tradiciones culturales de estos inmigrantes, sino que restaura y da a reconocer públicamente, a través de su Festival del Caribe, sus expresiones artísticas a través de grupos como los ya mencionados de La Caridad y Pilón. Podríamos ampliar la lista mencionando otros grupos desde Guantánamo hasta Ciego de Ávila, es decir, de más de la mitad del territorio nacional. Es lo mismo que comenzamos a hacer desde entonces con la Tumba Francesa, una de las instituciones más antiguas de América en lo que se refiere a la preservación de las tradiciones franco-haitianas establecidas y desarrolladas aquí, en esta parte de la Isla, como consecuencia de la revolución haitiana: En ellas, sus integrantes manifiestan las ideas, sentimientos y necesidades a través de cantos y comportamientos artísticos—musicales y danzarlos-- muy hermosos.

A propósito de este asunto, conviene recordar aquí que organizamos durante varios años los encuentros de las principales Tumbas Franceses existentes del país, en un evento realizado en la ciudad de Guantánamo que nos servía de marco para debatir aspectos importantes en torno a la presencia franco-haitiana. En uno de ellos se presentó en público la única Tumba Francesa rural de Cuba: la del asentamiento conocido por Bejuco, ubicado en el macizo montañoso de Sagua de Tanamo, perteneciente a la actual provincia de Holguín. Estos encuentros fueron retomados por una especialista de la Casa a partir de 1997 y los hemos realizado desde entonces en el marco de cada edición del Festival. Todo este trabajo de estudio, restauración y promoción relacionado con la Tumba acaba de derivar en la inscripción de la santiaguera Tumba Francesa La Caridad en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Debemos dejar claramente establecido que la existencia de ninguna Tumba Francesa rural había sido reportada por ningún investigador, incluyendo al musicólogo Olavo Allen, quien hizo su tesis de doctorado sobre esta temática. El hallazgo fue obra de la investigación de la especialista Miriam Cruzata cuando en Holguín realizábamos las labores de pesquisa y de catastro para el Atlas de la Cultura Cubana, recientemente publicado en una versión digital.

Aprovecho la ocasión para rendir merecido reconocimiento al houngan Gabriel Sprais, nacido en el Cerro de Caisimú y criado en Las Tunas, quien se instala en esta ciudad santiaguera en 1979. En compañías artísticas de la estatura del Cutumba, realizó un importante trabajo didáctico en lo relativo a las danzas, cantos y música asociados al gagá y al vodú. Asimismo, su experiencia como artesano constructor de instrumentos musicales ha permitido que muchos de estos artefactos fueran conocidos e instalados para su ejecución compañías y en grupos artísticos de la ciudad. A partir de 1997, ayudó a fundar el grupo de origen haitiano Mystere, radicado en la casa de su esposa Silvia, muy cerca de la bahía santiaguera y en un barrio de los más antiguos y tradicionales de esta urbe. Hace unos años, el Centro Memorial Martin King, junto con la Casa del Caribe, llevaron a vías de hecho la realización del documental Nostalgia, centrado en la vida de este maestro de las artes tradicionales haitianas y del gagá al que principalmente se le asocia. Tuve la dicha de compartir responsabilidades de asesoría en este justo homenaje fílmico junto con los especialistas David González y Walterio Lord, del Centro de Estudios De África, Asia y Oceanía, quienes realmente fueron los impulsores y ejecutores del proyecto.



Septiembre de 2005




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