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 La Casa del Caribe y Haití (II)



José Millet      milletjb2004@yahoo.com




Escritor y antropólogo cubano, fundador del Festival y de la Casa del Caribe



(véase parte I y parte III)



Algunos especialistas de la Casa tuvimos el alto honor de hacer investigaciones de campo, tanto en Santiago como en Guantánamo, con el Maestro Fernando Boytel Jambú, el sabio que poseía el conocimiento más acabado acerca de la presencia franco-haitiana en Cuba y especialmente en el extremo más oriental de la Isla. Con él realizamos periódicas y sistemáticas visitas de prospección a los denominados cafetales franceses, y uno de los más relevantes resultados fue el disponer de un inventario o catastro de aquellos de los que nadie hasta ese momento había dado noticias, como el de la familia de don Facundo Bacardí, el padre del insigne patriota, historiador y escritor Don Emilio Bacardí y Moreau, lamentablemente más conocido por la marca del famoso ron que se conoce en todo el mundo por su primer apellido y no por otros hechos relevantes de su vida como historiador y creador, como el de haber publicado la única novela que trata el tema del cafetal francés.

Ese trabajo de arqueología cultural nos condujo a alertar a las autoridades del gobierno local de la situación crítica que poseían algunas de los viales, como el de El Carmen, que fue declarado patrimonio cultural de la noción como un medio de justipreciar su valor y un instrumento jurídico para su preservación. Fue significativa también la prospección arqueológica realizada al cafetal de Tres Arroyos, la cual fue acometida bajo la dirección de la profesora Dra. Maria Nelsa Trincado Fontán. Se allanaba así el camino para que se confeccionaran los expedientes indispensables para que las ruinas de estos cafetales fuesen evaluadas para su inclusión en la lista de Ptrimonio de la Humanidad.

Pudiera resultar de interés el que se conozca que fuimos los promotores de la publicación de la obra El patois cubain de Boytel, quien había descubierto la existencia en las montañas de una variante lingüística del criollo haitiano hablado por los descendientes de aquellos primeros inmigrantes llegados a esta región de la Isla muy tempranamente. Junto con los cantos de la Tumba Francesa, disponemos con esta obra de un material muy rico para el análisis de hasta donde ha llegado el impacto de esta presencia en la sociedad y la cultura cubanas.

A principios de la década de los ochenta y durante varios años dimos inicio al trabajo de campo en equipo sobre algunas de estas comunidades haitianas y, entre otros no menos importantes resultados, describimos y valoramos en ellas la existencia de una religión hasta ese momento desconocida por la Antropología y la sociología de la religión en nuestro país: lo que popularmente se denomina vodú. Esta religión había permanecido oculta durante más de un siglo debido a la atroz represión ejercida por la sociedad colonial y luego por la ignorante burguesía nacional. Estos estudios nos condujeron a identificar y describir la existencia de extendidas y enraizadas creencias, costumbres y prácticas mágico-religiosas del vodú que había existido en Haití hasta principios de las primeras décadas del siglo XX y, a la larga, nos conducirían a formular y fundamentar la existencia de una variante cubana de vodú, lo mismo que ocurre en la parte occidental del antiguo Saint Domingue. Fue Joel James quien denominó ogunismo a esa variante, por la determinante presencia en ella de la familia de esta clase de loa.

Las noticias de este importante hallazgo comenzamos a darlas a la luz publica en forma de conferencias y luego determinamos hacerlo, en este mismo período, en la revista Del Caribe a través de los primeros artículos y estudios acerca del vodú existente en Cuba y en otras publicaciones nacionales y extranjeras, entre éstas me permito mencionar al semanario neoyorkino Haití Progress con el que se establece una relación de intercambio que llega hasta el presente.

Pero también para entonces nos enfrascamos en la discusión con el realizador cinematográfico Roberto Román acerca de la necesidad de ofrecer al público un documento audiovisual que tratara el fenómeno de tanta importancia para la sociología de la cultura cubana como era el la presencia en ella de Haití. Fue así como nos montamos en un tren de alta velocidad y agilizamos los estudios de campo para escribir el guión del documental Huellas con las primicias de las primeras imágenes de ritos y ceremonias voduistas, con énfasis particular en el contexto de la comunidad , cultura y espiritualidad en el que debían presentarse en la voz y el accionar de sus protagonistas antes preteridos y marginados. Se mostraban así al fin las imágenes iniciales del vodú que practicaron en secreto estos antillanos durante la colonia y la República. Los materiales fílmicos sirvieron a su vez para conformar un segundo documental, África tú estas en mí, que indaga en las raíces negras de nuestra cultura nacional y muestra cuán vivas están en las tradiciones festivas –el gagá—y religiosas (vodú) de estos mismos inmigrantes. La primera de estas dos obras obtuvo premio en el Festival Internacional de cine de Moscú…En el exergo de esta primera obra se colocan versos del poeta haitiano Jacques Viaux, caído en el levantamiento popular ocurrido en Quisqueya… También se incluyen en ella reproducciones de obras pictóricas y dibujos realizados por el escultor Alberto Lescay Merencio, vinculado desde entonces en nuestras inquietudes intelectuales y artísticas con miras al Caribe.

A partir de entonces dirijo mis pasos para la preparación de un volumen en que se recogieran los principales resultados de todos estos trabajos de indagación de campo y reflexión del Equipo de Estudio de la Religiones Afrocaribeñas de la Casa del Caribe en torno al vodú y a su variante cubana, el loasismo. En la materialización de esta intención fue decisiva nuestra relación con el Centro de Estudios Dominicano de la Educación (CEDEE) y la Universidad Autónoma de Santo Domingo: el primero asumió su edición y la segunda su aporte decisivo para su impresión Fue así como en 1992 vio la luz en Santo Domingo la primera edición, ilustrada con fotos y dibujos, del libro El vodú en Cuba, de Joel James, José Millet y Alexis Alarcón, primera obra de carácter científico (sociológica y antropológicamente hablando) que trata el tema del impacto social y cultura de la inmigración haitiana en Cuba, focalizada en la existencia de profundas y extendidas creencias y prácticas asociadas a estas del sistema mágico-religioso conocido por vodú, el cual había pasado inadvertido por los principales investigadores culturales del país. El libro recibió un reconocimiento al mérito científico del Ministerio de Cultura de Cuba y, es merecedor en 1995 el Premio Nacional de Investigación Científica del Ministerio de Cultura de Cuba. Al fin, se produjo su publicación en Cuba en 1998, en lo que pudiera denominarse su segunda edición por parte de la Editorial Oriente, con sede en Santiago de Cuba y gracias a nuestra gestión personal.

Asimismo organizamos y realizamos seminarios, talleres especializados y otras variantes académicas en la institución en los que varios especialistas de la Casa del Caribe ofrecimos un panorama desconocido hasta entonces acerca de la religiosidad tradicional del pueblo cubano, en tanto se conocieron allí, por primera vez y por derecho propio, las ideas, creencias y cosmogonía de los haitianos y sus descendientes, las que completaron, enriquecieron y contribuyeron a solidificar el conjunto de nuestra cultura nacional. Como se aprecia, al mismo tiempo, con todo este accionar ininterrumpido se trata y promueve el tema de la presencia haitiana en Cuba. Esto se lleva a cabo con una labor de levantamiento de información de las comunidades haitianas existentes en las provincias Santiago de Cuba y Guantánamo, el cual se extenderá hasta la actual provincia de Ciego de Ávila.

A mediados de los ochenta se produjo un hecho histórico: la inclusión en el programa artístico del Festival del Caribe de supuestas representaciones escénicas de los mal denominados cultos sincréticos afrocubanos, auténticas religiones de nuestro pueblo. Comenzamos por la Regla de Ocha o santería y la Regla Conga, para luego abarcar el denominado bembé de sao o Regla Muertera, hasta que más tarde posibilitamos el indispensable encuentro con el vodú, religión auténticamente caribeña que por primera vez conquistaba en nuestro país un espacio público para exponerse en toda su intensidad y complejidad, venciendo siglos de represión y prejuicios de toda naturaleza en su país de origen y en el nuestro. Allí se instaló y ha quedado para siempre, como lo está en la Casa de las religiones de nuestra institución, donde el houngan Pablo Milanés construyó un perystile o enramada, al fondo de la cual yacen alegres y pletóricos de regocijo los loas y otras entidadades trascendentes de la espiritualidad procedente de Haití. Esta es la primera exposición existente en el país de objetos rituales reales y cargados de peso telúrico en tanto fueron confeccionados y preparados litúrgicamente por sus portadores, incluidos los sacerdotes haitianos.

Por la delicada, paciente e importante labor de reconocimiento y en algunos casos de rehabilitación de estos grupos portadores, el entonces Ministro de Cultura, el Dr. Armando Hart Dávalos, oficializó el encargo a la Casa del Caribe de convertirse en la institución de referencia en el ámbito nacional de este imprescindible compromiso referido a los grupos portadores de cultura tradicional y a otros relacionados con ellos. Esto ocurrió durante la celebración de una edición de la Feria de Arte Popular que se realiza anualmente en la ciudad de Ciego de Ávila.

Fue muy importante para el desarrollo de nuestros estudios la visita realizada a la República Dominicana por Alexis Alarcón y por mí en 1989 y 1990. Establecimos entonces relaciones de intercambio con el Instituto Dominicano del Folklore (INDEFOLK) que dirige el entusiasta y dinámico sociólogo Dagoberto Tejada Ortiz. En la sede de esta institución impartimos el primer Taller sobre religiones afrocubanas en el que se dieron a conocer fuera de Cuba las expresiones del vodú y el gagá existentes en nuestro país e intercambiar con las más importantes figuras que han escrito en torno al tema en ese país hermano, como el propio Dagoberto, la Dra. Jean Rosemberg, autora del libro más importante escrito con el tema del gagá en Dominicana, con Fadrique Lizardo, con la estudiosa norteamericana Martha Ellen Davis y más tarde con el historiador español radicado allí Carlos Esteban Deive.

Esa visita nos permitió ponernos en contacto con las expresiones primigenias de una variante del vodú surgida en ese país a la que se le denomina loasismo y poder establecer parámetros comparativos en relación con el vodú existente en Cuba. Asimismo lo pudimos lograr, como se vera debajo, con respecto al gagá, comparación que ha sido desarrollada en los últimos años por el historiador Jorge Berenguer Cala, autor del primer libro publicado en Cuba en torno a la presencia franco-haitiana en esta región oriental.



Septiembre de 2005




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