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 Ali Primera en Cuba



José Millet      milletjb2004@yahoo.com



Fundador de la Casa del Caribe, con sede en Santiago de Cuba, donde labora como investigador. El último de sus 14 libros publicados está dedicado a Ali Primera.



A nuestra Casa de las Américas

« Yo soy un militante que escribe y que luego canta sus canciones ».
Ali Primera



Importantes documentos (creo que todos inéditos), que contienen fundamentalmente manuscritos autógrafos, cintas magnetofónicas y fotos, registran la visita, fugaz e intensa, a Cuba del compositor-poeta y trovador venezolano Ali Primera (1941-1985). Su arribo se produjo a fines del mes de noviembre de 1977 y su regreso a su país natal el siguiente 5 de diciembre . Desde cuando lo dirigiera nuestro entrañable Argeliers León, el Departamento de Música de Casa las Américas los había atesorado cuidadosa y celosamente. En octubre del año pasado los hojeé, gracias a la indicación del amigo estudioso Alberto Faya y de la imprescindible ayuda de la musicóloga Layda Ferrando. Antes de partir a Venezuela, dejé sembrada la esperanza de que se me los hicieran llegar para usarlos en el libro sobre la vida y obra de Ali Primera que preparamos allá con dos camaradas de Barquisimeto. A pesar del empeño de la Casa por hacer realidad esta petición, nunca llegaron a mis manos. A un año vistas, se impone darlos a conocer en nuestro país y al mundo.

Dos de las seis cintas magnetofónicas guardan el importante recital nocturno ofrecido por Ali en la sala Manuel Galich de la Casa. Aquel jueves primero de diciembre los asistentes vibraron con la voz grave y dura del cantante que les arrancó aplausos prolongados y vivas. Según la reseña periodística de Ciro Colina aparecida el tres de diciembre en un diario local, estas fueron las palabras de Ali al introducir una de sus canciones: “el poeta y el cantante deben pensar que son trabajadores, revolucionarios con un instrumento a mano que tiene un sonido y que, a veces, es más útil que una pedrada”. Otra de las cintas acaso contenga la matriz del disco, presumimos que se trata de Cuando nombro la poesía, que generosamente el autor de “Techos de cartón” puso a disposición de la institución para que, los fondos que se recaudaran con su venta, se pusieran en función del XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes por el que mostró vivo interés y esperanza “para estar”, son sus palabras, “otra vez entre nosotros”. Agregó que se marchaba “lleno de fuerzas”, aunque no había llegado débil.

Lo primero de Ali, Ali Primera Vol. II, Adiós en dolor mayor y América es la patria son los títulos de los discos que se atesoran en la Hemeroteca de la Casa, de los cuales me llama la atención el último porque nunca lo he visto en Venezuela ni tengo ninguna mención de él en la documentación copiosa e importante existente en la Asociación Cultural Canción Bolivariana Ali Primera, o del Centro de Cultura Popular Comunitaria Guachirongo, ambos con sede en Barquisimeto, considerada la “capital musical de Venezuela” y cuartel general de Ali. En esas asociaciones civiles de sostenida posición de izquierda, fundadas y dirigidas por los hermanos Porfirio y Wilmer Peraza, existe una importante colección de discos de música latinoamericana que incluye los acetatos originales de Ali, menos el primero grabado con el Partido Comunista de Venezuela. Después que se logre el trabajo de masterización analógica de estas cintas, será una dicha poder escuchar de viva voz al revolucionario que a su regreso a Caracas tuvo la osadía de declarar a los medios de prensa de su país: “Cuba es hoy la verdad hermosa de un pueblo que se ganó el derecho a ser libre y hacer su propio destino”.

Con su puño y letra, Ali rellenó el reglamentario grupo de planillas que la prestigiosa Casa de las Américas acostumbraba a solicitarle a cada uno de sus distinguidos invitados. Afirma haber nacido en Coro, capital del Estado Falcón, el 31 de octubre de 1941 (por tanto, no del 42, como las publicaciones consultadas y muchos de nuestros informantes venezolanos, incluidos algunos familiares suyos, nos atestiguaron durante nuestra prolongada estancia el año pasado en la patria de Bolívar y aparece en nuestro libro Ali Primera, entre la rabia y la ternura, recién aparecido en Venezuela). Repasé ambos años en los asientos del registro civil de Coro, en una de cuyas clínicas Ali nació, sin encontrar la preciada partida de nacimiento que alguien me asegura guarda la viuda de Ali, la también intérprete Sol Musset. Entonces vivía en el apartamento 12-3 del edificio Arguaney, de la urbanización El Valle, perteneciente a la capital de Venezuela. Cuando se le pregunta por el centro de trabajo, responde con su peculiar sentido del alineamiento con los humildes: “el pueblo (donde él se encuentra)”; por el cargo: “donde están las masas” y cargo que ocupa: “cantor”. En cuanto a su afiliación política, confiesa haber permanecido en el Partido Comunista de Venezuela, como “militante orgánico”, de 1959 a 1972 y en el Movimiento al Socialismo (MAS) de 1973 a 1975.

En cuanto a su formación académica, apunta haber estudiado Química en la Universidad Central de Caracas, de 1965 a 1968; Tecnología del Petróleo en Bucarest, capital de Rumania, de 1969 a 1972 e idiomas inglés, rumano e italiano. En 1973 los compositores del Estado Falcón lo distinguen con el premio Manaure de oro en reconocimiento a su destacada labor como compositor; Ali afirma haber obtenido un Premio municipal de Cine, tal vez diferente al conferido en Caracas en 1977 a la música de su autoría para el filme Canción para un pueblo manso. A la altura de su carrera, lo anterior evidencia un pobre reconocimiento de parte de los centros de poder venezolanos encargados de resaltar aspectos de la obra de creación artística de un músico y cantor que tenía acumulado para esa fecha un amplio currículum de alto valor estético, como se apreciará a continuación.

El autor de la canción “Humanidad” da fe de su soltería, de tener una niña de 6 años: Maria Fernanda y coloca los títulos y años de edición de sus restantes vástagos: los discos grabados hasta entonces: los nueve larga duración Vamos, gente de mi tierra y Canciones de protesta, editados por el Partido comunista en 1969; Canciones del tercer mundo por un solo mundo, producido por la alemana Verlag Plane en 1973; al año siguiente Promus le editó Lo primero de Ali Primera, Adiós en dolor mayor y Canción para los valientes y el sello Cigarrón, fundado por Ali mismo, produjo La Patria es el hombre (1975), Canción mansa para un pueblo bravo (1976) y Cuando nombro la poesía (1977). Finalmente apunta que en 1971 el PCV le posibilitó grabar un acetato en 45 revoluciones por minuto que él nombra en la planilla como “Guerra larga” y que es hoy una verdadera rareza hemerografica y muy poco referido en las escasas biografías de Ali.

Su contestación a la pregunta dirigida a saber los países visitados, la motivación y fecha de su realización, revela una trayectoria artística de profundo compromiso político, recorrido que en ocasiones es aprovechada por él para materializar la edición de su producción musical. Durante su estancia como estudiante en Rumania, visita en 1972 y 1973 la República Democrática Alemana para participar en Festivales de canción política; ofreció recitales en Checoslovaquia (1972), Suecia (1972, 1973 y 1976), Dinamarca (1973); visitó Italia para grabar discos entre 1975 y 1977; en Alemania Federal afirma que estuvo para hacer grabaciones y ofrecer recitales; finalmente, participó en congresos de estudiantes en Italia, Yugoslavia y Ecuador. En el archivo de la Asociación Canción Bolivariana Canción Bolivariana que lleva su nombre, de Barquisimeto, existen documentos, también autógrafos suyos, que dan cuenta de su visita a Paris y Londres en este mismo período. En cuanto a su vinculación con los medios de difusión masiva extranjeros, afirma haberse presentado, para actuar y ofrecer entrevistas, en emisoras de Radio y Televisión de Rumania (1970), República Democrática Alemana (1971 y 1972), Bratislava (1971), Canal 4 de Quito, Ecuador (1976), Radio Praga y TV, en Checoslovaquia (1971) y Radio Moscú y en Sochi, en la desaparecida Unión Soviética, en el año en que visita por primera vez nuestro país.

Ali confirmó su aceptación a la invitación cursada por la Casa el 16 de noviembre de 1977, informó que iría con el músico acompañante Emiro Delfín Grasteroll y que viajaría vía Panamá el 16 de diciembre siguiente. Imagino que se cambió esa fecha para hacer coincidir su viaje con la quinta edición de la Jornada de la Canción Política que se realizaría en la capital cubana en el mes de noviembre. Cuando finalmente fijan el itinerario del traslado para el 26 de este último mes y por el mismo país de tránsito, Ali manifestó como interés fundamental de su visita actuar en la Escuela Lenin, establecer contactos con Radio Habana Cuba y entregar cintas a la institución que lo invitaba para hacer un disco. En la programación rigurosa que le preparan son incluidas estas actividades, pero en ella se hace un énfasis especial en el encuentro del trovador con la gente del pueblo, en particular con los trabajadores manuales, los estudiantes y los jóvenes, en particular los creadores, entre los que se destacan poetas y músicos, como aquellos pertenecientes al pujante Movimiento de la Nueva Trova. Se tiene el cuidado de concentrar sus presentaciones en la inauguración del mencionado evento de la canción política y en un recital que se pauta en la sede de Casa de las Américas y en que las mismas se registren en cintas magnetofónicas y de video, mediante su participación en la radio, la TV y en el ICAIC, donde presumo que le fue grabado para una de las ediciones del Noticiero Latinoamericano de cine que dirigiera el Maestro Santiago Álvarez.

Al siguiente día de la llegada de los dos artistas, ocurrida el sábado 26 en horas de la tarde, Ali hizo una presentación en el programa “Buenas Tardes” del canal 6 de la televisión nacional, de gran audiencia. Ese día domingo 27, en la tarde, se puso en contacto con la Peña literaria del Parque Lenin, donde interactúa con algunos de sus participantes. La V Jornada de la canción política se realizó esa noche en la escalinata de la Universidad de La Habana y estoy convencido que le hizo rememorar su entrada en el mundo artístico en los predios de la rebelde Universidad Central de Venezuela. Escoltados por el Alma Mater, en el debut estuvieron presentes los Ministros de Cultura de Cuba, Jamaica y Guyana, como un anticipo de la inserción del juglar venezolano en una órbita donde raras veces se ha asociado la cultura de su país natal: la del Caribe. Y, en efecto, fue una noche en que los destellos y el sol de una identidad pocas veces reconocida se asomaron en los tres bloques en que se dividió el espectáculo. Allí dejó escuchar su voz Omara Portuondo; se recordó al pueblo que más sufre y lucha en la región en la interpretación de la cantante haitiana Martha Jean Claude; fueron dados a conocer los talentos jóvenes asociados al Movimiento de la Nueva Trova (Pedro Luis Ferrer, el recién desaparecido Noel Incola, Virulo y Lázaro García); se alineó el repentismo cubano en las voces de Justo Vega y Adolfo Alfonso e incluso Martín Rojas se apoderó de la escena con su interpretación de un texto alusivo al líder sindical obrero Lázaro Peña. Impactaron los grupos musicales Mayohuacan y Moncada.

Al día siguiente el periodista cubano Rolando Cartaya, en su reseña del acto, refirió la actuación de Ali en los siguientes términos: “seguimos por el Caribe y hallábamos a Ali Primera, el del canto contagioso y agitador. Acompañado de su paisano Emiro Delfín a la guitarra, el cuatro y el medio cinco, nos echamos a volar la poesía de pura raíz popular engastada en los ritmos de su tierra, el merengue, el tamunangue del Estado Lara y el joropo. Su canto, caracterizado por su comunicación con el público, debe tener una tremenda eficacia como arma política porque propaga al auditorio una efervescencia casi beligerante. Ali dijo que imaginaba a su pueblo como un toro enlazado que solo tiene que “jalar” para que la soga se reviente. Y en un número con ese estribillo consiguió unánime respuesta del gran coro formado por una concurrencia de anoche, así como en el último, de un corte similar al de la canción política angoleña, salpicada de consignas y formulaciones revolucionarias”.

Para evaluar la madurez del pensamiento político de Ali en relación con el arte y el papel del artista en su proyección con las masas, resultan importantes las declaraciones que ofrece entonces a la prensa cubana: “yo creo que la militancia dentro de la canción, de la que habló Víctor Jara y [Daniel) Viglieti, no es la de militar en un partido revolucionario. Se trata de militar en el trabajo, de saber cómo es el trabajo de difícil en el barrio: al comienzo la gente puede ser que rechace la canción, porque es tal su alienación que tal vez haya un acomodo a las injusticias, que tal vez haya un rechazo y hasta te digan algo que pueda ser hiriente (…)”. Ali se detiene aquí para formular el arte de la voluntad y el empecinamiento que debe desplegar el artista para convencer y arrastrar a las multitudes en su papel de desalienante: “La militancia es [consiste en] insistir ahí, porque la insistencia es lo que implica el trabajo revolucionario”.

Después de visitar la institución que lo ha invitado y sostener una rueda de prensa, se produce el día 28 en horas de la tarde un encuentro, que incluyo actuación, con los obreros que manufacturan el tabaco de la mundialmente famosa Fábrica Partagas. Francisco Garzón Céspedes escribió una magnifica crónica de ese evento y del impacto que le provocan a Ali las reacciones de aquellos trabajadores. Al día siguiente, las visitas a instituciones se suceden, como al Museo de la Revolución y el Parque de la Juventud, cercano al río Almendares, donde los encuentros con la gente de pueblo va confirmando en el trovador una imagen endeleble sustentada en la confianza y en la seguridad con las que los humildes se relacionan con las creaciones del espíritu. El miércoles treinta al fin se produce la visita matinal a la Escuela Vocacional Lenin donde canta, en horas de la noche, ante una multitud de cinco mil jóvenes que también seguramente le harian recordar a aquellos estudiantes de universidades venezolanas (la Central, la de los Andes) frente a quienes descubrió su definitiva vocación por el arte de la militancia revolucionaria ejemplarmente llevada a cabo a través del canto.

El primero de diciembre quizá deba considerarse como uno de los mas relevantes de su gira: en la mañana se produce la reunión con representantes del Movimiento de la Nueva Trova cubana, entre quienes están presentes Pablito Milanes, Vicente Feliu, Lázaro García, Tony Piniella, Pedro Luis Ferrer, J. del Valle, Augusto Blanca, J. A. Rodríguez y de los grupos Moncada, Mayohuacan y Turiguano. La trovadora Teresita Fernández y la cancionera Ela Calvo completan el sector artístico. Lo institucional y político estuvo representado por el musicólogo Argeliers León, Francisco Garzón Céspedes y Roberto Romay, este último jefe del frente de cultura de la Unión de Jóvenes Comunistas. Aquel intercambio de ideas y experiencias tenia tanta relevancia para Ali que lo grabo íntegramente para difundirlo en Venezuela y, a pocos días de su retorno, se refiere a el en una carta enviada desde Caracas a una funcionaria presumiblemente del Departamento de Música de la Casa. En una de sus intervenciones afirmó: “la máxima belleza que se busca entre el canto y el pueblo es la comunicación”.

Ese mismo día a las nueve de la noche, se produjo el memorable recital de Ali Primera en la sede de la Casa de las Américas, con la sala colmada por un público ansioso de escuchar y ver en escena al juglar falconiano. Allí se encontraban la heroína Haydee Santamaría, presidenta de la Casa y el doctor Armando Hart Dávalos, ministro de cultura, quienes dialogaron con Ali y previamente ya habían sostenido conversaciones oficiales con él para viabilizar la distribución de su obra discográfica en toda Latinoamérica. En el programa de mano que la institución distribuyó allí, se proclamaba a este “hombre que canta a la libertad y la justicia” como “una de las primeras voces de la nueva cancion latinoamericana”, que “utiliza concientemente la canción como un arma para la lucha política e ideológica” y que, en su enfrentamiento y denuncia de los males del sistema capitalista, ha sido capaz de hacerse de un “extraordinario modo de comunicar (…) recto y firme, múltiple y hecho de poesía (que) es el canto mismo del Continente”. En ese texto cuidadoso y bien pensado, se tuvo el acierto de citar el pensamiento estético y político del propio Ali cuando se refiere al concepto y función del canto y de los cantores en los siguientes términos que reafirman una clara y firme posición clasista en favor del pueblo:

“Creo en el canto: Por la necesidad de multiplicar y hacer inmenso el grito de los humildes.
Porque no será verdad si no son verdad los cantores.
Porque el canto no es un accesorio sino brazo hermano en las luchas de los pueblos.
Porque ha ayudado a crecer el vientre de esta tierra que espera el Gran Parto.
Creo en el canto todo luminoso y solidario.
En el nombre del pueblo, de sus manos callosas. Creo en el canto.”

El periodista cubano Ciro Colina reporta el hecho y nos aporta un dato acerca del estilo característico de Ali de aprovechar la escena para conversar con el auditorio. Así, introduce una de sus canciones con la siguiente afirmación: “el poeta y el cantor deben pensar que son trabajadores, revolucionarios con un instrumento a la mano que tiene un sonido y que, a veces, es más útil que una pedrada”.

El poeta Alex Fleites fue quien más certeramente capturó la originalidad de este brillante y combativo cantor. Aprecia su voz bien timbrada, su sentido de la música, su especial personalidad escénica y su casi instantáneo poder de comunicación con el público. Esta caracterización la traduzco como la esencia del carácter de Ali: ser un militante que se esfuerza por colocar su arte en función de movilizar la conciencia del sujeto a quien va dirigida su acción y su mensaje, sujeto que no es otro que el pueblo, ante el cual hay que impactar por todos los medios y resortes imaginables. Pero es justo citar su juicio de valor exactamente, en razón de que rara vez me he encontrado con algo tan aleccionador:

“Seria difícil deslindar donde termina la canción en si misma y donde comienza el trabajo de proyección dramática a través del cual el trovador establece la comunicación con sus oyentes. Porque Ali esta constantemente creando la canción, pues los matices que sabe imprimirle en cada ocasión hacen irrepetible el acto de escucharlo; bien lo saben los que anoche asistieron a un nuevo nacimiento de canciones como Perdóname, tío Juan, una de sus primeros trabajos de la década del sesenta, rejuvenecido por la emoción que supo imprimirle con la ayuda de Emiro Delfín, guitarrista de noble dignidad, que lo acompaña.”

En su artículo intitulado “No se puede ser cómplice de la alienación del pueblo”, precisamente Fleites resume brevemente la trayectoria de compromiso social del trovador venezolano: luego del allanamiento de la Universidad Central de Venezuela ocurrida en 1967, opta por un tipo de canción de agitación política y, a partir del siguiente año, produce los dos LP que auspicia el Partido Comunista de Venezuela. El periodista refleja la posición de Ali en relación con los medios de difusión masiva para los que afirma no cantar, “sino para los hombres como yo, que andan por la calle con su lenguaje propio. Ser espejo de esa gente es mi mayor preocupación”. El artista nos entrega el saldo de su visita a Cuba de manera clara y concluyente: “Esta visita me reafirma en mis convicciones, me hace tener fe en el futuro. En una ocasión dije _y ahora puedo repetir_ que en Cuba abunda algo que es difícil de alcanzar: la dignidad”.

A su regreso, las declaraciones de Ali aparecidas en la prensa nacional de Venezuela dan cuenta del programa realizado por el cantautor en la mayor de las Antillas y, a continuación, introduce al público venezolano en cómo se sintió en ella: “En Cuba sentí que estaba en cualquier pueblo de Venezuela. La receptividad fue la misma. La gente cantaba conmigo “La Soga” como si estuviera, por ejemplo, en Barquisimeto, con el mismo amor, la misma comunicación y esto es porque la máxima belleza entre la canción y el pueblo, entre la canción y el hombre, es precisamente la comunicación”. Aprovecha la ocasión para desmontar la mentira de que el son se fue de Cuba; el encuentro con los jóvenes de la Nueva Trova y con figuras genuinas de la trova tradicional cubana le sirvió para “constatar el amor por la música que siente el cubano y forma parte central de su espíritu”. En particular Ñico Saquito enriqueció su visión de hasta dónde esta cimentado el movimiento de la nueva canción cubana y la música actual cubana en sentido general. Estas fueron sus palabras:

“Conocer a Ñico Saquito me posibilitó inclusive descubrir cosas de mi país de las cuales no estaba al tanto. El vivió mucho tiempo en Venezuela, hasta 1960, y sigue cantando a los 75 años, ya que dice que es su trabajo voluntario. Ñico Saquito continúa componiendo y formando y organizando tríos. Se quejo de las orquestas venezolanas que han utilizado sus canciones y nunca le han hecho llegar ni un centavo. Me dijo irónicamente que ojala ese dinero sirva a esas orquestas para algo porque él, en Cuba, se siente libre y sin preocupación, porque nada le falta en su vejez”.

No he podido verificar si se cumplió el sueño de Ali de ver editado su LP Cuando nombro la poesía en apoyo solidario al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, ni tampoco si pudo participar en aquel encuentro, pero sí puedo asegurarles que Ali Primera estuvo presente en la edición XXV del Festival del Caribe que se le dedicó en el pasado mes de julio al pueblo venezolano y que allí, en la heroica Santiago de Cuba, entre poetas, escritores, intelectuales, músicos y gente humilde de la tierra de Bolívar y de la de Martí, se le rindió un digno homenaje a la altura de este Año de la Canción Bolivariana Ali Primera instituido por la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela al que nos sumamos todos los cubanos.

Para concluir, cito nuevamente a Ali en un pensamiento que sintetiza el alcance trascendental que tuvo su visita a la Mayor de las Antillas para el enrutamiento de este juglar que siempre tuvo bien claro dónde brillaba la estrella del alba que lo guiaría siempre en su vida cotidiana y en su obra no exenta de peligros y de inconvenientes: “Cuba es una maravillosa canción, es un himno constante y un ejemplo a seguir desde sus raíces hasta encontrarnos con esos hermosos frutos que resultan sus realizaciones presentes. Un saludo, hermanos, por brindarnos a todos los artistas que le cantan al pueblo su enseñanza constante y por ser fuente de inspiración”.

La Habana, octubre 10, 2005.





Noviembre de 2005


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