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Identidad cultural en el Caribe (II) |
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Onelio Olivera y Omar Pozo Crespo redaccion@argenpress.info
Onelio Olivera Blanco, Magíster y profesor asistente
del Departamento de Lenguas Extranjeras, Instituto
Superior Pedagógico 'Rafael M. de Mendive'. De Cuba.
Omar Pozo Crespo, licenciado y profesor del Departamento
de Lenguas Extranjeras, Instituto Superior Pedagógico
'Rafael M. de Mendive' de Cuba.
(véase parte I)
El problema de la identidad cultural no puede reducirse
al de la identidad nacional, ya que cultura no es
subconjunto de nación. Por el contrario, cultura puede
ser una categoría de mayor alcance que nación.
Según plantea Rolando Zamora, éstos son dos conceptos
que denotan realidades sociales con un acontecer
histórico distinto, cuya definición particular la
establece la evolución concreta de la sociedad de la que
se trate.
La cultura precede históricamente a la nación. La nación
surge al consolidarse el capitalismo o modo de
producción capitalista. Esta se forma de clases, su
desarrollo lleva la huella de la lucha de clases y
representa el estadio superior de la comunidad humana,
más allá de la nacionalidad o etnonacionalidad.
Una nación representa una comunidad de personas que se
distingue de otra por las siguientes características que
puede o no estar presentes en la nacionalidad, pero
donde se distingue una lengua común, se comparte un
territorio, además de haberse establecido vínculos
económicos.
Los elementos caracterizadores o identitarios de una
comunidad de hablantes pueden muy bien ser compartidos
por otras comunidades de hablantes que han transitado
por el mismo o parecidos acontecimientos históricos y
socioeconómicos.
La identidad nacional es la expresión de una comunidad
de individuos integrados sobre la base de intereses
comunes nacionales que los unen a través de un profundo
mestizaje étnico, religioso, idiomático y de costumbres
que los distinguen de otros grupos sociales.
La identidad cultural, por otra parte, es más amplia, es
un concepto de mucho más alcance y profundidad.
Es la reserva extrapolada de generaciones anteriores que
marcan la cultura y que la hacen afín con otra, pero
diferente en su totalidad, por las ideas y modos de
actuación de cada grupo social; está relacionada con las
raíces culturales e históricas que conforman la cultura
y que a la vez que nos diferencian, nos acercan a otros
pueblos.
De acuerdo con el historiador cubano Manuel Moreno
Fraginals, 'La identidad cultural es un resultante
histórico lograda por la evolución común de complejos
socioeconómicos también comunes'.
Sin embargo, los diferentes intereses coloniales o
neocoloniales siempre han tratado de perpetuar el
sentido de la diversidad cultural caribeña, haciendo
énfasis en la barrera del idioma, agregando al mismo
tiempo, una barrera incomunicante o distorsionada de la
comunicación, en la cual se pretende que cada país busca
su identidad en la metrópoli y no en sí mismo, actuando
de esta forma como mundo cultural y político diferente.
Nuestros pueblos de América se caracterizan por una gran
capacidad de resistencia, por escoger, depurar o
disimular, lo que el escritor José Lezama Lima llamó
'...la capacidad de reconquista'.
Después de un largo proceso de conquista-colonización,
los colonizadores europeos sucumbieron ante la cultura
aborigen que se remonta a una antigüedad comprobada de
más de 2500 años.
El proceso de transculturación entre las diferentes
culturas fue tan inmenso que a la postre, el prejuicio
diferenciador que pretendía presentar a una cultura
superior respecto a la otra fue vencido por la necesidad
de convivencia mutua en un espacio geográfico afín.
Según Edgar Montiel (filósofo peruano) existen rasgos
diferenciadores pero que al mismo tiempo se convierten
en rasgos identitarios que nos explica nuestra condición
americana y caribeña.
Desde la existencia de los primeros habitantes de estas
tierras, los que más tarde fueron llamados indios, la
vida ha estado caracterizada por la lucha del hombre con
el medio que lo rodea. Este enfrentamiento
hombre-naturaleza hace que el hombre ponga la naturaleza
a su servicio o que se adapte a las condiciones físicas
de un área determinada. Se da más bien una relación
donde el hombre toma de la naturaleza todo lo necesario
para su subsistencia, pero al mismo tiempo le presta su
servicio en su cuidado y conservación.
La inventiva y la creatividad desde mucho antes de la
conquista se observan en alto grado en las poblaciones
de América. Las grandes culturas americanas: Mayas,
Incas, Aztecas, entre otras, presentaban un nivel de
desarrollo, en muchos aspectos superior al de las
culturas de los colonizadores. Al ocurrir la
conquista-colonización surgen nuevos problemas pero
también nuevas respuestas a estos y todo gracias al
poder de resistencia y a la inventiva de nuestros
pueblos.
La reciprocidad es un término más arraigado en las
formas de actuación de nuestros pueblos que el de
solidaridad, que es mucho más actual.
La reciprocidad, por otra parte, está más generalizada.
Es lo que distingue la práctica cultural de nuestros
pueblos a través de la cual están dispuestos a
corresponderse mutuamente en diferentes acciones,
situaciones y sentimientos. La reciprocidad existe como
patrón de comportamiento popular y gracias a ella hemos
sido capaces de sobrevivir y seguiremos sobreviviendo a
través de los años.
Descendemos, igualmente, de pueblos con alto sentido de
trabajo. Indios, negros, europeos y asiáticos se unieron
desde el primer momento, y todas estas culturas
brindaron sus rasgos culturales más importantes entre
los que se destacan: gran disposición para el trabajo,
ya sea intelectual o manual. Esta es la primera
condición para luchar contra las políticas de consumo
que nos quieren imponer y que son ajenas a nuestra
propia idiosincrasia.
Nuestro desarrollo material no nos ha permitido ser
convencionalistas, por el contrario, nuestro desarrollo
cultural se basa en lo substancial, lo principal y más
notable de las diferentes culturas que contribuyeron a
nuestra formación. Este es un elemento interesante de la
personalidad caribeña como señal identitaria.
El hombre americano reconoce en la defensa de la
filosofía de la naturaleza su propio materialismo, y
esto no está confrontado con su espiritualismo. Por el
contrario, existe una estrecha relación entre ambos. Su
vida espiritual está matizada por su amor a la
naturaleza y en este sentido su adoración espiritual
reconoce al mismo tiempo su adoración material. Esto se
considera un rasgo de contraconquista, y es un elemento
que forma parte de nuestra identidad.
América es un continente melódico y rítmico. Todas las
culturas que se han entrelazado en el Caribe han
contribuido con sus bailes, ritmos, instrumentos
musicales, canciones entre otros a la formación de esta
cultura musical. Todo esto enriquecido y aderezado por
la presencia de Africa.
El mestizaje es el primer movimiento moderno, cuando se
vencen prejuicios, cuando la tradición medieval se
fractura y se pasa a otra cosa: la relación entre
hombres y mujeres diferentes. Somos cosmopolitas porque
a lo que nos dio la madre América por su tierra, su
geografía y su cultura, se sumó la cultura que viene de
Europa, Asia y Africa (Edgar Montiel, 1995: 39-42).
Refiriéndose al Caribe ?'insular, costeño y marítimo?'
la escritora y poetisa cubana, Nancy Morejón, se
pregunta: '¿Somos una unidad?'. Y se responde: 'Por
supuesto que sí, pero esa unidad se afinca en una
diversidad que se expresa en varias culturas. Esas
culturas se expresan a su vez en complejos lingüísticos
de infinita originalidad. Esta es una de las
características de estas tierras'.
En el Caribe se unen, se entrelazan y se yuxtaponen las
más complejas influencias culturales latinas, africanas,
anglosajonas y asiáticas en un espacio geográfico
marcado por choques, encuentros y mutuas
transculturaciones que dieron origen a un nuevo elemento
identitario especifico para toda la región y donde las
diferencias existentes, y otras que nos quieren imponer,
como la barrera lingüística, no han sido impedimento
para que la diversidad de culturas que forman nuestro
universo cultural, conformen al mismo tiempo nuestra
identidad.
Argenpress
Noviembre de 2005
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