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Joel Ferrer: dos aguas |
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Toni Piñera edelmorales@loynaz.cult.cu
Joel Ferrer es un paisajista en el amplio sentido del término,
aunque no haya descubierto ningún paisaje. Sencillamente, él
lo lleva piel adentro.
«La obra de este creador –perteneciente a una escuela renovada
de paisajistas cubanos de estos tiempos– trascenderá, afirmó
Eusebio Leal al inaugurar la exposición «Dos aguas» del
artista Joel Ferrer.
En Cuba, una Isla dotada por la naturaleza de los más variados
y exóticos paisajes iluminados por la intensa luz tropical y,
a veces, ensombrecidos dramáticamente por las tormentas
propias del clima, el género artístico del paisaje se mantiene
con una sólida vigencia y es tratado de diferentes maneras por
muchos creadores.
El paisaje resulta, en lo esencial, el mismo. Evidentemente,
han cambiado los estilos epocales de las escuelas pictóricas,
como también lo han hecho los consumidores de las obras, sus
destinatarios, los que en definitiva determinan, en cierto
modo, la concepción misma del tema y la función de la obra en
particular.
Los paisajes de Joel Ferrer no son una evocación nostálgica
del recuerdo, sino resultado de un proceso de interiorización
del objeto, apenas vislumbrado en una mirada fugaz, hacia
capas cada vez más profundas de su conciencia. Su pintura
tiene una raíz sólida: el espíritu, la soledad o intimidad
esencial. Y allí, en el hondón secreto de su ser, a ojos
cerrados, crea sus paisajes cubanos que pueden dar hacia el
campo o el mar que nos rodea a cada instante de nuestra vida.
Sus trabajos son líricos y esenciales, provistos de una fuerza
expresiva extraordinaria subrayada por el dominio técnico,
porque racionaliza lo que siente. Cuando va a pintar ya tiene
la idea a la que dio vueltas y más vueltas, y esa idea le
sirve de apoyo y guía para dar forma a lo que le va pidiendo
la tela o cartulina.
En los paisajes dibujados por sus diestras manos, esos que ha
visto muchas veces en sus recorridos por la Isla, hay luces y
sombras, planos superpuestos, una composición muy interesante,
y, sobre todo una cuidadosa factura. No cabe dudas de que Joel
Ferrer es deudor de los grandes paisajistas cubanos, hacia
ellos camina a pasos firmes. La gama de los verdes inunda
muchas obras para subrayar el origen: Güines, La Habana, 1964,
aunque su mirada se va dirigiendo también hacia el intenso
azul acuoso, porque en las marinas encuentra otra forma de
libertad pictórica que mucho le interesa en este tiempo.
No
importa que su ventana (cuadro) se abra al mar o al campo, y
nos regale una imagen esencial del mismo con los contrastes o
veladuras que le suministra la luz, con sus estridencias o
intimidades, para proyectarse como alegoría, ensoñación
objetivada y realización artística..., Joel Ferrer es un
paisajista en el amplio sentido del término, aunque no haya
descubierto ningún paisaje.
Él lo lleva piel adentro.
Boletín Opus Habana
Junio de 2005
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