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Caribe - La vulnerabilidad de los Estados insulares |
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Pequeños países insulares en desarrollo, como los ubicados en el
Caribe, corren el constante riesgo de los impactos de la globalización y
de los desastres naturales. El alerta parte del Fondo de las Naciones
Unidas para la Alimentación (FAO) que afirma que amenazados por la
turbulencia de la globalización y la incertidumbre del cambio climático,
los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) han luchado durante
décadas contra las circunstancias para desarrollar su economía y mejorar
la alimentación, la salud y los medios de subsistencia de sus habitantes.
La FAO ha convocado una Conferencia Ministerial Extraordinaria en Roma el
18 de noviembre del 2005 en ayuda de los 38 países que forman parte de los
PEID y los países costeros de tierras bajas, entre los que figuran algunas
de las naciones más vulnerables del mundo. La Conferencia fue convocada
para estudiar cómo integrar más eficazmente la agricultura, la
silvicultura y la pesca en las economías de los PEID para responder a las
necesidades nutricionales y de seguridad alimentaria de la población
insular y para fomentar las oportunidades de empleo.
Es ampliamente conocido - sobre todo a raíz del tsunami del 24 de
diciembre de 2004 que afectó a varios de ellos - que los PEID están
sometidos a la amenaza de cambios climáticos, huracanes y tifones. Sin
embargo, estas islas se enfrentan también con otros retos, no tan
conocidos, pero igualmente graves para la salud y la subsistencia de sus
gentes.
En un informe de antecedentes, la FAO enumera ocho factores específicos de
vulnerabilidad que comparten los PEID. Por ejemplo, todos son vulnerables
a su situación medioambiental debido a sus restringidas bases de recursos
naturales. La lejanía y la predisposición a las catástrofes climáticas
limitan sus posibilidades para hacer frente a los peligros de origen
natural o debidos al ser humano y la capacidad para diversificar sus
actividades económicas. Las economías nacionales de los PEID los hacen muy
dependientes del comercio y, por lo tanto, muy susceptibles a las crisis
externas.
Según el mismo documento los PEID tienen economías y niveles de desarrollo
muy variados, algunos dependen de la agricultura, la silvicultura y la
pesca, mientras otros dependen prioritariamente del turismo para
garantizar su seguridad alimentaria. La inestabilidad de la producción
agraria y de las exportaciones y el aumento de la dependencia de alimentos
importados expone a estos países a riesgos provocados por factores que a
menudo escapan a su control.
Enfrentados con amenazas múltiples, los pequeños Estados insulares en
desarrollo están empeñados en una carrera contrarreloj cuando se trata de
desarrollo económico y social. Para fortalecer su capacidad económica
necesitan desarrollar empresas agrícolas y cadenas de productos básicos de
valor añadido así como explotar la agricultura orgánica y el comercio
justo, vinculando la agricultura con el turismo. En el ámbito social los
temas que exigen atención son la seguridad de tenencia de las tierras, los
sistemas tradicionales de alimentación y los medios de subsistencia
sostenibles, así como la seguridad nutricional. Y, por último para la
defensa del medio ambiente es necesario fomentar la pesca responsable, la
ordenación forestal sostenible y la adaptación al cambio climático
mediante la gestión del riesgo de catástrofes.
Enero de 2006
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