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Alejo Carpentier: cien años 



Harold Alvarado Tenorio    hat@telesat.com.co.

Poeta colombiano. Director Revista de Poesía Arquitrave




                                                                                                            Foto: www.arquitrave.com


Alejo Carpentier (La Habana, 1904-1980) fue hijo de un arquitecto francés que emigró a Cuba en 1902 y que amaba América Latina tanto como odiaba Europa. De él recibió una visión cosmopolita y escéptica del mundo. Su infancia transcurrió en el barrio Cotorro de La Habana y sus primeros estudios los hizo en Candler College y el colegio Mimó, para continuarlos luego en París en el Liceo Jeanson de Sailly. Hizo estudios de arquitectura y música en la Universidad de La Habana y comenzó a escribir a los diez años al tanto que estudiaba piano. Abandonó sus estudios universitarios para dedicarse al periodismo comercial, escribiendo una Historia del Zapato para un sindicato de zapateros y publicó una sección sobre modas en un magazín local. Durante los veintes hizo varios viajes a México donde conoció a Jaime Torres Bodet, José Clemente Orozco y Diego Rivera. En 1927 fue puesto en prisión por haber firmado un manifiesto contra el dictador Machado.

Se exilió voluntariamente en Francia en 1928 con la ayuda del poeta francés Robert Desnos, que le facilitó su pasaporte. Los once años que pasó en París fueron esenciales en su formación literaria y artística. Conoció a Breton y escribió para las revistas surrealistas junto a Aragon, Tzara y otros. Sus simpatías por el surrealismo duraron poco, sosteniendo que el movimiento era una especie de burocracia de lo maravilloso. Durante este tiempo fue director de los Estudios Foniric que producían discos y programas para radio sobre poesía y teatro y editó la revista Imán que publicó numerosos textos de artistas contemporáneos de Francia y América Latina.

En 1939 regresó a La Habana donde trabajó para programas de radio y en 1941 fue nombrado profesor de Historia de la música en el Conservatorio Nacional. Entre 1940 y 1950 vivió en diferentes países de América y Europa para regresar a Cuba en 1959. Fue nombrado vicepresidente del Consejo Nacional de Cultura, y al crearse la Unión de Escritores y Artistas de Cuba elegido uno de sus vicepresidentes y miembro del consejo de redacción de la revista Unión. Hizo varios viajes representando a su país, fue director de la Editora Nacional y en 1968 fue nombrado agregado cultural de la embajada cubana en Francia, cargo en el cual falleció

Alejo Carpentier consideraba la historia y la geografía ingredientes definitorios de la ficción, porque la naturaleza y la cultura han sido transformadas por el hombre al crear mitologías que tratan de dar un sentido al caos y el cosmos. Según él, para situar el hombre en su pasado es necesario situarlo además en el presente, porque los grandes temas y los movimientos colectivos dan mayor riqueza a la trama y los personajes. Los dramas y el tiempo individuales ocupan un segundo plano ante los grandes espacios épicos y el tiempo de los grandes procesos, conflictos y cambios colectivos. Pero cada héroe tiene su papel que cumplir, al precio de una alta tensión que le hace auto superarse, descubriendo en sí fuerzas creadoras que dejarán huella de su paso por el mundo. En sus novelas hay al menos dos tipos de héroes: aquellos que en el presente encuentran abiertas «las sombrías mansiones del romanticismo», y los artistas, héroes sacrificiales que se ven forzados a definir sus circunstancias y a prever el futuro. Sus novelas son ejercicios de dialéctica contemporánea pues los tradicionales convencionalismos de los personajes y el argumento ceden su lugar al lenguaje, que está en constante proceso de cambio y es principio y fin en si mismo.

Carpentier aceptaba la antigua y mágica Europa en cuya distante Edad de Oro se habían creado los mitos de Sísifo, Prometeo y Ulises. Pero rechazó el racionalismo europeizante que ha producido muchos de los monstruosos frutos de la razón de nuestro tiempo. Como una alternativa al mundo mecanizado propuso el Nuevo Mundo, que no ha sido agotado en sus riquezas mitológicas nativas o reinventadas por los hombres que fueron forzados como esclavos y aquí ampliaron sus cosmologías.

Realista mágico, para él, la música era la esfera fundamental del conocimiento, y escribir, otra función natural del cuerpo, donde el deseo se impone a la razón. «Escribo bajo los efectos de ciegas iluminaciones»., dijo. Y a pesar de haber rechazado en más una ocasión a Bretón, reconoció que el surrealismo le había ayudado a ver ciertos aspectos y texturas de la vida latinoamericana que antes no había percibido en sus contextos telúricos, épicos y poéticos.

Quizás la más conocida de sus muchas novelas sea El siglo de las luces (1962). Puede ser leída como una memoria de la repercusión de la Revolución Francesa y la guillotina en América. Víctor Huges, de Marsella, había derrotado a los ingleses en Guadalupe, pero hasta la redacción de esta novela, la historia lo ignoraba. Carpentier descubrió varios documentos acerca de él y conoció a uno de sus descendientes quien le contó que Huges estaba enterrado cerca de Cayena y que había sido amante de una muchacha llamada Sofía. Respecto a la guillotina, las reflexiones de Carpentier y sus asociaciones con la libertad parecen haber sido resultado de la influencia de los artículos de Albert Camus sobre el asunto.

Víctor Huges, panadero, masón, prisionero, agente provocador y rebelde, cuya tienda había sido destruida en una revuelta de esclavos en Haití llegó al poder como representante de Robespiere y fue gobernador de la Guayana francesa. Ambivalente y paradójico, cínico y desesperanzado, aparece en Port-au-Prince un día de 1792 para transformar las vidas de Carlos y su hermana Sofía y el primo de ambos, Esteban, que ha llevado una vida de esplendor en Cuba. Sofía es una mística frustrada y Esteban un neurótico hipocondríaco. Huges les contamina con las ideas del Iluminismo y los cambios violentos de la Revolución Francesa. Víctor tiene que huir con Sofía y Esteban. Mientras tanto, un brujo amigo de Huges cura a Esteban y Sofía se hace amante de Huges. Esteban es encarcelado. Sofía logra liberarlo y los dos mueren en Madrid en el momento del levantamiento español contra Napoleón.

En el periodo de veinte años que cubre la novela ocurren levantamientos, una revolución y numerosas aventuras. El siglo de las luces critica la revolución, pero Carpentier parece aceptar que como Saturno, ella devore a sus protagonistas. Hay que comprender los periodos revolucionarios a largo plazo y con una perspectiva histórica. La Revolución Francesa, para bien o para mal, cambio el mundo. Tratando de ver los resultados de su influencia en las Antillas, Carpentier hace un examen de las posibilidades existenciales que todos los hombres enfrentan en su vida. Los personajes simbolizan una variedad de actitudes a medida que discuten el papel de la religión, la libertad y los valores de la revolución. Esteban, el intelectual, sufre un progresivo desencantamiento, que no puede comunicar a otros; pero Carlos enfatiza la grandeza a pesar de los errores cometidos. Todos hacen parte de la humanidad; esa parte que es Sofía, la encarnación de todas las mujeres que puede elevar y salvar incluso a Huges de este mundo, hombres que han mudado de conciencia por el instinto y los ideales por el materialismo.

Una pintura metafórica: «Explosión en una catedral» aparece cuatro veces durante la novela y profetiza el futuro. Parece ser un símbolo de la Iglesia Católica, destruida la dicotomía entre el idealismo revolucionario y las prácticas políticas. Los fragmentos explosivos del cuadro son fríos, mientras el tiempo mismo permanece y los personajes deben aprender si sus ideas pueden resistir la prueba de la historia.

Religión, hombre y naturaleza, búsqueda del amor y la felicidad, la Revolución Francesa y el Caribe, un panorama geográfico y social del área, las relaciones entre los hombres, consigo mismos, con el tiempo y con la historia, todo ello es fusionado mediante un estilo neobarroco que combina las estructuras del siglo diecinueve con las técnicas del veinte. Carpentier intercala hechos y leyendas, mitologías e historia, y experimenta con la magia del tiempo, la música, alegorías, la primera y segunda personas y el surrealismo para crear un cuadro irónico endurecido por la brutalidad y la sangre.

Alejo Carpentier recibió un Doctorado en Lengua Literatura de la Universidad de La Habana y los Premios Cino del Duca, Alfonso Reyes y Cervantes.



Publicado en www.arquitrave.com     Octubre 2004


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