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El Huracán de Meneses y su Palenque



José Millet   millet.j@cultstgo.cult.cu


Investigador Casa del Caribe







Es una dicha, especialmente para nosotros los santiagueros, que el teatro de relaciones no haya muerto, al menos como materia y fuente de motivación para la creación artística. Vive en la memoria colectiva del pueblo que lo creo, de la cual estoy seguro algún día volverá a renacer para hacerse nuevamente el hecho artístico que alimento en otros tiempos al carnaval local. Se mantuvo vivo en la tristemente desaparecida compañía de teatro Cabildo Teatral Santiago y ahora a el vive aferrado en sus proposiciones dramaturgicas el Laboratorio Palenque que dirige el veterano de las tablas, dramaturgo e investigador Rogelio Meneses. Y es una dicha también, pues, disponer de un tesoro tan vasto y rico cual es la cultura tradicional popular, en la cual bullen no solamente el estilo nacional, sino también expresiones vividas como la música, el canto, el baile, la ritmicidad propia de nuestros cuerpos envueltos en el mar de las fiestas del carnaval... y ¡cuantas otras mas! que aprovecha con un alto grado de profesionalismo en la actuación y de elaboración estética dicho grupo Palenque.

Huracán esta basada en la obra ¨El huracán y la palma¨, del dramaturgo Carlos Padrón, y constituye una especie de cierre de dos de las obras teatrales anteriores de Meneses: de Nganga, con urdimbre en el teatro de relaciones y de Baroco, que gira alrededor de la vida del famoso chulo Yarini). Huracán toma como motivo principal la ultima etapa de la vida del Lugarteniente General del Ejercito Libertador cubano Antonio Maceo en su campaña en Pinar del Río, que lo conduciría a su muerte en combate. Pero no estamos ante una obra con pretensiones historicistas, aunque se ajusta a la verdad de los hechos, sino que más bien sigue la línea de preocupación por la historia como medio para discutir ideas y situaciones muy a tono con los contextos de nuestro presente. En este sentido, su propuesta evidencia una maduración del pensamiento de su autor en torno a la historia. Según él, no intenta recorrer la vida de Antonio Maceo, sino darnos una ¨muestra de la dimensión del héroe ¨ en esa ultima etapa de la guerra por nuestra independencia que culminaría con el derrocamiento del dominio de España y daría paso a la intervención de Estados Unidos en 1898. Precisamente una de sus virtudes es presentarnos aquel contexto en toda su complejidad, en el cual se localizan las contradicciones que afloraron en el campo mambi y la actitud de determinados sectores sociales que las crearon o, por el contrario, las combatieron.

Huracán transcurre en dos planos narrativos: el del General, desde su lecho y envuelto en las fiebres que lo aquejaron en los últimos instantes de su vida, y el del relato de los sucesos contado por los mambises El Cojo, El Manco, El Ciego y El Loco, entre quienes se establecen el juego y los movimientos escénicos más inusitados, en cuanto a reconstrucción de hechos y conjuros ante lo inevitable. Esto ultimo lo realizan los actores valiéndose de los útiles recursos (ritos, cantos, danzas ceremoniales, etc.) provenientes de la cultura popular, como los de los sistemas magico-religiosos o cultos sincréticos afrocubanos, de los que es vivo exponente el personaje El Congo Hermengildo. En esto el autor y el staff de Palenque tienen una valiente y exitosa experiencia en su abultado curriculum artístico. Algunos de estos personajes son sombras o espectros, o simplemente espíritus y el General conversa con ellos y en ocasiones los identifica como seres de ultratumba. Con ello se crea una atmósfera onírica y llena de misterio, subrayada por un excelente diseño de luces y una sobria pero al mismo tiempo bien empleada escenografía.

Desde nuestro punto de vista, lo más importante es el poder enfrentarnos a un bello multi-espectáculo en que un Héroe epónimo se debate ante el juego de la vida y la muerte, en un contexto histórico concreto del cual él es actor principal y en el cual las contradicciones sociales de la época y las complejidades propias de la guerra lo llevan a ser enjuiciado por sus contemporáneos. Las ideas que se hicieron de el tanto los amigos como sus enemigos mas encarnizados; gente bienintencionada pero equivocada y al mismo tiempo las de la clase burguesa o plutocracia interesada en que acabara la guerra que destruía sus más caros (y materiales) intereses, fluyen abierta y directamente en los diálogos y de manera simbólica en la oposición justipreciadora que le hacen, a manera del Juicio de la Historia, dos de los personajes mas logrados de la obra: El Inquisidor (de signo ideológico clasista contrario a Maceo) y la Gran Señora (que algunos interpretan como la Muerte de vestidura euroccidental). El actor Alberto Bertot brilla con intensidad en la interpretación del Inquisidor y lo hace muy bien la actriz Asela Vicen en la de la Muerte, que a ratos semeja una sombra implacable de cuyos nefastos designios nadie es capaz de escapar, ni siquiera el guerrero de las mil batallas que no ha tenido miedo a nada.

El duelo de alto vuelo filosófico que se establece entre estos tres personajes es el medio de que se vale el autor para enfrentar al publico con la imagen humana y descarnada de un Maceo (interpretado por el propio Meneses) que desciende de un falso pedestal mitológico y ahistórico para mostrarnos sus carnes humanas, debilidades, errores y grandezas no solo como genial estratega, sino como pensador. Imagen controvertida del político que va acompañada de la discusión de las ideas de si una guerra debía de ser conducida y dirigida solo por los militares; si el Héroe favorecía a la gente de color en las filas de su ejercito; las de la democracia, la independencia y la libertad, por mencionar algunas de las más significativas.

No se nos escapa la necesidad de cada generación de enjuiciar objetiva pero, a su vez, lo mas críticamente posible la historia precedente y ¡por que no! también la de su actualidad. es valiente y útil al tomar partido en ese necesario juicio y nos transmite ese caudal de ideas, en su choque destellante, que nos llevan a la reflexión sereno acerca de la historia y de sus protagonistas más sencillos o encumbrados. Lo es asimismo porque nos lleva de la mano hacia el disfrute estético a través de un espectáculo que agradecemos profundamente a Meneses y a su troupe Palenque, cuyos integrantes han sabido dar a lo largo de estos nueve años de existencia muestras de su talento y capacidad histriónica.

Esta puesta en escena alcanza excelencias por lo ya dicho y por varias razones mas: porque se sostiene por si misma en un sólido trabajo dramaturgico y en segundo termino, en una dirección artística muy adecuada, aunque con desniveles en lo que toca a la conducción actoral. Vale como espectáculo que nos enseña algo de la historia común de nuestros pueblos; por la discusión de asuntos de una vigencia absoluta y porque, sobre todo, lo hace mediante la construcción de una bella metáfora que vale por si misma, aunque quienes la vean no conozcan mucho de nuestra historia y, en algún caso, ni siquiera les interese. Esta es una muestra del digno homenaje que todos debemos rendir al movimiento teatral de Santiago de Cuba a los cuarenta años de existencia y del cual son ambos, Meneses y Palenque, ejemplos del mas alto valor.



Noviembre 2004

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