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  La cosmovisión yoruba en "El amor y otros demonios" 



Maria Stella Vidal Ruales    redaccion@argenpress.info


Lingüista colombiana, docente de la Universidad del Cauca y estudiosa de la obra del escritor colombiano, premio Nobel, Gabriel García Márquez.





Del amor y otros demonios es una novela que corresponde a las últimas producciones del escritor colombiano Gabriel García Márquez.

El mundo aquí recreado pertenece a un período fundamental: la conformación étnica y cultural del continente americano, la estratificación social de las etnias integradoras de la sociedad colombiana y el inicio de una humillante historia de discriminación y marginamiento para la población aborigen y negra en nuestro continente, iniciada en la época de la Colonia.

Así narra el texto el tráfico negrero y las condiciones en que se transportaba a los esclavos africanos: 'El barco de la Compañía Gaditana de negros era esperado con alarma desde hacía una semana, por haber sufrido a bordo una mortandad inexplicable. Tratando de esconderla habían echado al agua los cadáveres sin lastre. El mar de leva los sacó a flote y amanecieron en la playa desfigurados por la hinchazón y con una rara coloración sulferina.'

La protagonista del relato es Sierva María de todos los Angeles, niña blanca de 12 años, que posee la cultura yoruba y no la española por haber sido criada por africanos esclavizados.

Es hija de don Ignacio de Alfaro y Dueñas, segundo marqués de Casalduero y señor del Darién, 'hombre fúnebre, de la cáscara amarga, y de una palidez de lirio por la sangría que le hacían los murciélagos durante el sueño'y de Bernarda Cabrera, esposa sin título del marqués, 'mestiza brava de la llamada aristocracia de mostrador; seductora, rapaz, parrandera, y con una avidez de vientre para saciar un cuartel'.

Sierva María es criada por Dominga de Adviento, 'una negra de ley que gobernó la casa con puño de fierro hasta la víspera de su muerte', ella es quien le transmite a la niña las enseñanzas sobre las filosofías, religiones y lenguas tradicionales africanas, además, la consagra a Yembayá, Oricha femenino, que simboliza la presencia del agua salada: el mar.

Es relevante anotar que Sierva María lleva 16 collares, es decir, que está protegida por todas las deidades yorubas.

Dominga de Adviento la circundó de una corte jubilosa de esclavas negras, criadas y mestizas, mandaderas indias, que la bañaban con aguas propicias, la purificaban con la verbena de Yembayá y le cuidaban como un rosal la rauda cabellera que a los cinco años le daba a la cintura. Poco a poco, las esclavas le habían ido colgando los collares de distintos dioses, hasta el número de 16.

Es así como el personaje de Sierva María irradia el sistema cosmovisionario de la cultura yoruba, presente en la novela.

El título de la novela: Del amor y otros demonios, apunta a dos de las culturas presentes en el texto: la africana y la española. El 'amor' es el demonio genial que llena de fuerza vital a la existencia de los hombres, aunque al final ese fuego los consuma (Sierva María y Cayetano Delaura).

Los 'otros demonios' son los traídos por los colonizadores al continente americano. Colonizan y cristianizan, esto significa que establecieron la intolerancia, el tribunal eclesiástico de la inquisición, el reino de la ignorancia liderado por la tiranía del dogma y la iniciación de una sociedad, en donde el saber científico, culturas y etnias diferentes, eran asuntos de herejía.

Dijo que los tres idiomas africanos de Sierva María, tan diferentes del español y el portugués, no tenían ni mucho menos la carga satánica que les atribuían en el convento. Había numerosos testimonios de que tenía una fuerza física notable, pero no había ninguno que fueran de un poder sobrenatural.

Delaura había procurado el apoyo de cofrades insignes, u aún de otras comunidades, y ninguno se había atrevido a pronunciarse contra las actas del convento ni a contrariar la credulidad popular.

La relevancia del relato garciamarquiano se establece por el principio de coherencia narrativa, recreado sobre el sistema de valores imperante en la época colonial y marcado por el impacto de tres culturas. Destacando que la española en su posición de colonizadora, no establece redes de entendimiento frente a la aborigen y la africana. Aunque la agresión cultural ejercida por España es fuerte, los pueblos indígenas y africanos mantienen su identidad cultural y así lo reconoce el obispo:

Ella piensa que habéis caído en una trampa de Satanás, dijo el virrey. No sólo nosotros, sino la España entera, dijo el obispo. 'Hemos atravesado el mar océano para imponer la ley de Cristo, y lo hemos logrado en las misas, en las procesiones, en las fiestas patronales, pero no en las almas'.

Habló de Yucatán, donde habían construido catedrales suntuosas para ocultar las pirámides paganas, sin darse cuenta de que los aborígenes acudían a misa porque debajo de los altares de plata seguían vivos sus santuarios.

El relato ofrece un conocimiento más objetivo de la época y evidencia los encuentros y desencuentros de los personajes, en un contexto social signado por la pluricultura y la multietnicidad. La historia de cada uno de los personajes no está contada desde los esquemas oficiales y genéricos presentados en los textos de historia, sino desde el discurso literario orquestado por el narrador y los diferentes enunciadores, que corresponden a una diversidad de voces y conciencias.

El médico hizo una exposición inteligente y erudita de la rabia desde el origen de la humanidad, de sus estragos impunes, de la incapacidad milenaria de la ciencia médica para impedirlos. Dio ejemplos lamentables de cómo se la había confundido desde siempre con la posesión demoníaca, al igual que ciertas formas de locura y otros trastornos del espíritu.

El narrador cita a los diferentes personajes que son representados desde la esencia existencial de cada uno. El discurso nos permite conocer el mundo privado de los prisioneros africanos y las relaciones establecidas acerca de los afectos y temores existentes entre amos y esclavos:

Dominga de Adviento se fue con un portazo que le sonó a Bernarda como una bofetada. Ella la convocó esa noche y la amenazó con castigos atroces por cualquier comentario que hiciera de lo que había visto. 'No se preocupe, Blanca', le dijo la esclava. 'Usted puede prohibirme lo que quiera, y yo le cumplo'. Y concluyó 'Lo malo es que no puede prohibirme lo que pienso'.

El texto también presenta las dudas existentes en las conciencias de los obispos y sacerdotes sobre su quehacer religioso y la institución eclesiástica del Santo Oficio.

Las diferencias ideológico-religiosas del Padre y bibliotecario, Cayetano Delaura y Josefa Miranda, Abadesa del convento de Santa Clara. Los encuentros de saber humanístico entre el padre Cayetano y el Licenciado Abrenuncio, afirman estas coincidencias ideológicas.

El discurso narrativo enuncia las empatías comunicativas y culturales de Sierva María con Cayetano, con Abrenuncio y con el padre Tomás de Aquino de Narváez, 'antiguo fiscal del Santo Oficio en Sevilla y párroco del barrio de los esclavos'; y la intolerancia que suscita en la Abadesa y las monjas clarisas, la presencia de Sierva María en el convento.

Como prueba le entregó el sombrero de cintas de colores. La vicaria se lo mostró a la Abadesa cuando estaban buscando a la niña, y la abadesa no dudó de quién era. Lo agarró con la punta de los dedos y lo reparó a la distancia del brazo. 'toda una señorita marquesa con un sombrero de maritornes', dijo 'Satanás sabe lo que hace'.

Estos desencuentros están motivados por la complejidad cultural, étnica, religiosa y social de la época, caracterizada por la falta de respeto a la diferencia. Así las tres culturas conviven en forma conflictiva, intolerante y con profundos abismos de desigualdad.

El relato presenta una pluralidad de personajes y conciencias, según Bajtin, 'un texto que refleje la heteroglosia social, es, de necesidad un texto que presenta multiplicidad de puntos de vista' y visiones del mundo diferentes.

La novela presenta la diferencia ideológica representada por los personajes: Bernarda, mujer esclavista y el negro Judas, su amante.

Bernarda le hizo bajar la cabeza al alcance de ella para examinarle la dentadura, y la perturbó el hálito de amoniaco de sus axilas. Los dientes estaban completos, sanos y bien alineados.

'Tu amo debe estar loco si cree que alguien te va a comprar a precio de caballo', dijo Bernarda. 'Soy libre y me vendo yo mismo', contestó él. Y remató con un cierto tono: 'señora'. 'Marquesa', dijo ella.

El relato conformado por esta multiplicidad de voces, culturas y etnias se desarrolla en un espacio definido: Cartagena de Indias, principal puerto negrero en el continente a lo largo de tres siglos y medio de esclavitud. Según Zapata Olivella, Cartagena compartía este infausto liderazgo con Veracruz, únicos puertos autorizados para recibir esclavos al norte del continente. Así es presentado el tráfico negrero en el texto:

La nave fue anclada en las afueras de la bahía por el temor de que fuera un brote de alguna peste africana, hasta que comprobaron que había sido un envenenamiento con fiambres manidos.

A la hora en que el perro pasó por el mercado ya habían rematado la carga sobreviviente, devaluada por su pésimo estado de salud.

Además de los puertos de Cartagena de Indias y Veracruz, en las Antillas estaban: La Habana, Santo Domingo, y San Juan. En el sur de las colonias españolas, el puerto más importante fue Buenos Aires.

Sobre el tráfico negrero de Cartagena de Indias, Zapata Olivella nos dice que era intenso. 'Al año llegaban 12 ó 14 barcos con cargamentos de esclavos que tenían un promedio de 400 ó 600 prisioneros.

Los esclavos con destino a Nueva Granada se les vendía en el propio Cartagena en subasta pública'14. Este mundo del tráfico de los esclavos africanos traídos a América, se constituye en tema relevante en el discurso de la novela y está representado por varias voces.

En Del amor y otros demonios el relato está estructurado por el narrador y varios personajes que tienen como función establecer un diálogo entre las diferentes conciencias y culturas presentes en el texto.



Noviembre 2004


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