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Poemas de Alex Fleites |
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Alex Fleites alef54@cubarte.cult.cu
Alex Fleites (Caracas, Venezuela, 1954). Periodista, crítico de arte, editor y poeta. Ha publicado en La Habana
ocho títulos de versos, por los que ha obtenido diversos premios nacionales. Aparece antologado en importantes
colecciones de autores cubanos, tanto en la isla como en el extranjero. Su obra ha sido traducida al Italiano,
Francés, Inglés, Alemán, Ruso, Portugués, Vietnamita y Macedonio.
El hijo prodigo
Y heme aquí en el punto del comienzo
Cabalgué como un predestinado
Cabalgué como un renuente
Cabalgué con la inocencia
de quien pierde la lumbre,
el sosiego que sólo fija el mar.
Aquí estuvo el hogar. Aquí, la mesa
sobre la que cantaba la hermanita
Aquí, los instrumentos de triturar olores
Aquí hubo una mujer cuidando el fuego
Aquí, los hijos, sus manos todavía inhábiles,
nos prevenían, nos incitaban, nos exigían más
Quien padece la salmodia del viento
no teme llamar a los postigos
Sólo entrever –la humildísima hendija–
Adentro se oyen pasos similares a los míos
Adentro, los murmullos, las caricias invisibles
Adentro, el tigre que desgarra los sueños
He vuelto, oidlo bien, he vuelto
Puedo pasar un día o un siglo ante el templo
con la apariencia de un borracho ciego
Terminarán por aceptar mi rostro
cruzado de verdes cicatrices
Visione laterale di nudo femminile*
Para Roberto Fabelo
La noche aún no ha descendido
hasta el momento en que se funda
con el negro de los ojos
Es la peor hora
para la vista lateral de un cuerpo
que la luz resolvía con generosidad
Tan fina es la nariz
Exactos los volúmenes del seno y la pierna
La lúbrica mano justo en el lugar
El pobre Albert la entrevió
cercana y distante como el fruto
en la rama más alta del ciruelo
Y es rotunda como la verdad
Y es implacable como la venganza
Y es irrebatible como el tiempo
Y es sensible como el llanto
Y es, en resumen, como las grandes palabras
que nunca servirían para develar,
en su perfecta imperfección,
el amado perfil de una mujer desnuda
*Apunte de Durero
De un griot para sus hijos
Voy nombrando las partes
al tiempo que las toco
La lanzadera, el huso,
la fragua donde duermen
con ligerísimo sueño
el viento, el fuego y la materia
Purificado el cuerpo,
pasado el tiempo
del aprendizaje silencioso,
voy diciendo los nombres
que la noche me puso en los labios:
Gubia para extraer
el corazón de la madera
Escalpelo furioso
Pensativa reja del arado
Digo, nombro, tomo posiciones,
me apropio de lo que
siempre estuvo allí
para dolor y regocijo
Junto el barro del amanecer
Su forma ya no imita
Sólo quiere ser barro
Para que no se sequen,
expongo las palabras
sobre la hierba de la isla
En su oscura esencia
todo queda dicho
Comience el día, cada cosa
ocupe el espacio de su nombre
Pasado este momento,
pueden tocar mi túnico y mi carne
Dispongan del pan
que les dejo servido
Y no me reverencien
Después de todo
no soy más que un hombre,
irreconocible entre tantos
que a esta hora, en rebaño,
se agolpan a la entrada
de las usinas,
los estacionamientos
y los ministerios
Diciembre de 2005
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