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  Noche de bodas 



Ramiro Herrero Beatón   beaton@cultstgo.cult.cu




El escenario está vacío. De pronto se escucha música de casamiento. Aparece José vestido de novia que avanza lentamente hacia el proscenio. También se escucha voz de sacerdote en off. Todo el movimiento se detiene y José rompe con la escena.

José: Buenas noches, respetable. Me casé hace más de veinte años y las cosas han cambiado notablemente. Ella, mi esposa, se la pasa amenazándome con que se va a tomar muchas pastillas para acabar con su vida. Y cuando le digo que es una loca, una estúpida si lo hace, y no me va a quedar más remedio que buscar una ambulancia para llevarla al médico, se asusta. Porque muchas veces hemos tenido que enchalecarla y darle electroshock.

La última vez que llamé la ambulancia, el doctor le hizo abrir los brazos y las piernas, poner la mente en blanco y relajarse. Y cuando le preguntaba si había visto unos chivitos blancos lo negaba. Por eso la mandó a contar hasta cien. Imagínense ustedes...hasta cien. No lo pudo aguantar y se puso como loca. Entonces el médico le hizo meter la cabeza entre las piernas y le hizo una última preguntica que se las traía: “¿ansiabas orinar como tu padre?” Todo se puso muy jodido y empezó a gritar: “El mito del miembro viril. Todo lo justifican con la pinga”. Y entonces decidió matarse y tirarse por un elevador. Y aunque yo me arrodillé ante ella y le dije que era un mujeriego, un sinvergüenza, un mierda, siguió en sus trece. Quería matarse de verdad, pero yo se lo impedí al romperle una pierna. (Remeda todo el movimiento)
Estuvo mucho tiempo con la pierna enyesada. Se puso como un cadáver y yo me asusté, pero no se lo dije.

En otra oportunidad trató de matarse con una pistola porque no se sentía deseada por mí. Había descubierto un nuevo amorío con una mulata del barrio. Yo traté que fuera comprensiva, pero fue inútil. Entonces apelé a mi nueva teoría del enamoramiento que ya yo comenzaba poner en práctica porque no era el fuego revolucionario lo que yo sentía por ella. Ni era el Tan del budismo japonés, ni la pasión erótico sexual de Abelardo y Eloisa, ni la transgresión amorosa de Romeo y Julieta que divide lo que estaba unido (Julieta a su familia y Romeo a la suya) y une lo que estaba dividido (dos enemigos). Ni la muerte de Werther que cierra el tiempo para él y para Carlota. No era el éxtasis ni el tormento, ni el rehacer, ni un reconocimiento, lo que yo ya sentía por ella era un gran afecto. Mi amor por ella no excluye el amor por otras mujeres porque yo puedo amar a dos mujeres y ella a dos maridos. Pero ella se ponía furiosa cuando yo le decía todas estas cosas. Hasta se atrevió a decirme que me metiera esa teoría en el culo. ¿Qué pensarán ustedes?

Siempre me sacaba eso de no acostarse con ella. Me criticaba porque yo no le hacía caso y me decía sarcásticamente: “ ¿Desde cuándo no te acuestas conmigo? “ Cuando me hacía esa pregunta yo me ponía muy furioso y la mandaba a hacerse una terapia sicoanalista, conductista, gestáltica, católica, budista o marxista. Así estaríamos más de acuerdo y nos insultaríamos menos.

Por fin, empezó a vestirse de otra manera. Se cambió el peinado y dejó de comer aquellos alimentos que pudieran provocarle pedos. Hasta se puso a dormir en cuero. A pesar de todos los intentos yo no reaccionaba. Pero un día yo no pude más y se lo dije todo: “Esto se jodió. No puedo. No siento deseos. Somos una pareja aburrida, sin iniciativa, sin imaginación, sin fantasía. Ya no se nos ve alegres, ansiosos por vivir. No logramos ritmar. Es como si todo se hubiera acabado. Ha pasado mucho tiempo, pero no he recibido nada nuevo de ti. La felicidad se ha ido para el carajo. Somos cadáveres putrefactos donde prevalece sólo el hastío, la grosería y la falta de amor.”

Ella hizo un esfuerzo y con voz lánguida me dijo: “Estás equivocado. El amor verdadero se alcanza poquito a poquito, con perseverancia y sapiencia.”

Yo la miré una, dos, tres veces y mientras le decía: “Tú no me entiendes.” Y pensaba: Eres mi puerto seguro. Mi abrigo, mi cobijo, mi albergue, mi asilo, mi regazo... tú eres como mi madre”.

Al parecer se dio cuenta de mis intenciones y cuando parecía que me había comprendido y que iba a aceptar como su madre, me gritó montones de cosas. Me acusó de bruto, troglodita y pitecántropo y me amenazó con ofrecerse a una compañía de soldados completa y a anunciarse como el chocolate: dulce y antioxidante.
Me llenó de improperios e insultos y me amenazó con que se iba a lanzar por el hueco del ascensor o se iba a pegar un balazo.

Yo traté de impedírselo, y le dije: Dame el revólver. Quítate esa fijación de la cabeza.
Y ustedes saben lo que me dijo, que la fijación la tenía yo en la pinga.

Por supuesto que yo la agarré y forcejeamos hasta que me juró por su madre que no se iba a suicidar. Le propuse hacer ejercicios yoga y ella aceptó. Después jugamos a la pelegrina. Y cuando pensé que ya todo había pasado, me apuntó con la pistola y me amenazó con volarme la tapa de los sesos. Traté de esconderme debajo de la cama, pero de allí me sacó a punta de pistola. Me ordenó arrodillarme y a cubrirme los ojos, pero como no tenía pañuelo se levantó la falda y se quitó el blumer y a pesar de que yo no quería me obligó a ponerlo sobre mi cabeza y tapar mis ojos. Entonces comenzó a confesarme para descargar mi conciencia. En realidad yo tenía muchas deudas con mujeres y hombres y me había aprovechado de mujeres indefensas como viudas, ancianas y huérfanas. Había utilizado mujeres de hombres honorables para satisfacer mi necesidad sexual y no había pagado su justo precio. Me acosté con mujeres que eran el capital eficaz de hombres honrados. A esas mujeres que se me entregaron de buena fe, yo devolví mal por bien. Por ello, confieso que soy un cerdo deudor, un engañador, un abusador, un burlador, un don Juan. Por eso me avergüenzo, me arrepiento, sufro y lloro. (José llora desconsoladamente...)

Pero la culpa era de ella porque no se ha ocupado de evitar el tedio, la rutina y el hastío.

Un día le dije: “Te he pedido comprensión y qué me has dado. Por eso he buscado opciones. Cuando estoy estresado, me pongo muy neurótico, nervioso y depresivo y me masturbo.
Eso la enfureció y me puso la pistola en la cabeza. Me hizo correr y saltar como una rana. Me puso en cuatro patas , me hizo verrear como un chivo y me puso a comer hierba.

Como ser racional y avanzado para la época decidí exponerle mi teoría. ¿Y por qué nosotros, los seres humanos, seguimos aferrados a la idea de la monogamia: una mujer y un hombre para constituir una familia? Esta concepción pertenece a una sociedad dominada y controlada por los hombres y sustentada en razones económicas. Debemos buscar soluciones revolucionarias. Lo justo es que yo pueda tener relaciones con otras mujeres estando casado contigo. Podemos ser la pareja ideal.

Para hacer más fácil la cosa le canté una canción:

(Canta)
¿Qué será de ti y de mi,
si no la pareja ideal?
¿Qué será de ti y de mí?
¿Qué será?
¿Qué será de ti y de mí?
Si no la pareja ideal?
¿Qué será de ti y de mí?
¿Qué será?

Pero no entendió estas maravillosas ideas y me pidió el divorcio. Yo , por supuesto, no se lo di y le hablé de la necesidad que teníamos de cambiar de verdad e instaurar la democracia matrimonial. Cada uno a templar por su lado. Pero ella se mantenía en sus trece hasta que no le quedó más remedio que empezar a cambiar. Fue nuestro hijo mayor que la convenció.
(José se disfraza de rapero y canta y baila)

Oye vieja lo que te voy a decir
Cambia de onda o te vas a arrepentir
El viejo tiene ideas renovadoras y avanzadas.
Cuando tú vengas a ver ya no sirves para nada
Él le ha dado ya veinte vueltas a la pista.
Mientras que tú está recatada y pesimista.
Tienes que alcanzarlo y sobrepasarlo.
O de lo contrario tienes que olvidarlo.

Vamos vieja a mover el esqueleto
Vamos vieja que se te queda quieto.

Escúchame vieja, lo que te voy a advertir
Y yo te juro mamita no te vas a arrepentir-
Búscate un joven que no tenga compromiso
Y aunque te diga que sí, no te importa, no es preciso
Vamos a ver vieja, por donde vamos a empezar
Haz un buen entrenamiento
Que sea físico y mental
Y si el viejo no lo aprueba que se tome un mejoral
Un mejoral, un mejoral, un mejoral.

Oye, vieja, tú eres joven
Mucho más que mi papá
Enamórate de nuevo,
Vive la vida de verdad.

Píntate los labios, María
Píntate los labios, María.

Demuéstrale , vieja
Que eres más fuerte que él
Y cuando emprendes un camino
Llegas al final de él.

Píntate los labios, María
Píntate los labios, María.

Realmente la convenció, y lo primero que hizo fue mudarse. Cambiamos la casa por dos apartamentos. Uno para ella y otro para mí. Ella tiró toda la ropa anticuada y compró modelos nuevos. Un día la miré y no la reconocía. Tenía una cinturita de avispa. Hacía ejercicios todo el día. Yo me burlaba de ella. Se creía una adolescente, una nenita. Entonces comencé a contarle con lujos de detalles mis tiernas historias amorosas.

Canta)
Josefa tiene cinturita de avispa.
Caridad, un ombligo de teto.
Laura, una nalga más alta que la otra.
Estrella, un lunar en el...
A Juana le gustaba la chupeta
Albita lo hace así.
Matilde las tiene asá

Ya ella no me calentaba el baño, ni me ponía las cutaras, ni me entalcaba. Siempre me decía: “tengo mucho trabajo”.

Confieso que empecé a fijarme en ciertos valores de ella como mujer y como ser humano. Hasta la sometí a interrogatorios terribles. Y ella lo que hacía era disimular, pero un día no pudo más. Se agarró los ovarios y me lo contó todo. Bailábamos un tango. Había encontrado su hombre. Era músico, profesor de piano, físico nuclear y había sido condecorado con la orden por la cultura nacional. Pero todavía no se habían acostado con él, aunque le gustaba. Ella era su sol. No quería reducir su relación a un palo de gallo y sentirse como una colcha de trapear.

Esto me puso mal. Pensé se estaba burlando de mí y le pedí explicación porque yo se lo contaba todo y ella se había callado ese hecho.

En realidad pensar en el portentoso sinfónico me sacaba de quicio, me alteraba y en un acto de locura comencé a lanzar los objetos que estaban a mi alrededor en todas las direcciones. Ella pensó que yo me había vuelto loco. Me lancé sobre ella, pero logró zafarse y corrió. Yo la seguí. No le di tregua.
(El corre desaforadamente. Para de pronto y se dirige al público)


¿Qué tonto he sido? Comencé a celarla. No podía permitir que se citara con un hombre.

Pensar que fui yo, quien le propuso lo de la pareja democrática. Me sentía ofendido. Me parecía que yo era un imbécil, un comemierda. Por eso traté que me respetara y la ataqué, la tomé por el cuello y cuando se me desmadejó en mis manos, la solté. Yo pensaba que la había matado, pero ella se recuperó. Fue un acto de locura. Yo la quería matar.
(Hace que la toma en sus brazos y comienza a bailar)

Traté de besarla y de poseerla, pero ella no quiso y me trató de estúpido y de hijo de puta.

En realidad hacía mucho tiempo que no me le acercaba, ni para darle los buenos días. Pero apareció el peligro musical y quise obligarla a hacer el amor en el piso y con el teléfono incrustado en el culo. Yo la necesitaba. Le pedí que me insultara, pero ella, además de decirme que era un mierda, me confesó que había hecho el amor con el músico y que había sido maravilloso. -Ahora, vete -me dijo y trató de que yo saliera por la cocina. Pero yo no quise y como en el oeste de las películas norteamericanas , decidí quedarme para enfrentarme con él en duelo a muerte. Y yo le dije: -¡Me quedo!

Entonces ella se trató de tirar por el hueco del elevador y yo se lo impedí otra vez, pero esa vez fui yo el que tomó la pistola y me la pegué justito en la cien derecha. Pero me di cuenta que no era bueno imitarla y decidí meterme en la bañadera, llenarla de agua y meter la plancha eléctrica. Ella se asustó mucho y juró y juró que no era cierto lo del músico. Yo no le creí y continué llenando la bañadera.

Entonces ella me dijo : Todo ha sido una invención mía. Las llamadas telefónicas eran equivocadas y yo las aproveché. Yo simulé que era el músico.

Comprendí que mi mujer era un excelente actriz, con fe y sentido de la verdad.

En un momento de descuido la amarré y la metí en ese cajón. Aquí se la dejo a ustedes para que hagan con ella lo que les de la gana.

Bien respetable público, la función ha terminado. Deseo expresarles mis parabienes. Gracias , especialistas y técnicos del teatro. Ha sido una función extraordinaria. Espero que la hayan pasado bien. ¡Sonidista, pon la canción final. Gracias, gracias, muchas gracias.



Publicado en Junio de 2005


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