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  Totó la Momposina, la diva "descalza"



Ricardo Rondón Ch.    mundoloco@elespacio.com



foto:cronopios@cable.net.co





Un monumento Caribe en permanente exaltación



La hija de un humilde zapatero de Magangué que conquistó el mundo con sus cantos, su folclore, su tambores, su emoción y su torrente de voz.



Cuando ríe a sus anchas, Totó me hace acordar del capítulo garcimarquiano de Petra Cotes, en 'Cien Años de Soledad', y sus estridentes carcajadas que espantaban a las gallinas del corral.

Tiene La Momposina una sonrisa de mil dientes, todos parejitos y blancos, lo que le da la apariencia de un curioso instrumento musical: de hecho es la más sonora y vibrante caja de música con la que ha recorrido el mundo al son de chalupas, cumbias, bullerengues, mapalés y garabatos, y esas guarachas, tamboras, pajaritos, sambapalos, tunas, chandés, rumbas y sextetos, que tienen la medicina milagrosa de hacer que se paren a bailar los tullidos.

Y lo ha hecho. Si uno se pone a repasar el anecdotario de su fragorosa carrera artística, encontrará que la morena Sonia Bazanta, como la bautizaron sus padres, ha sido la única que ha provocado el desorden, en el buen sentido de la palabra, en los selectos teatros de Estocolmo (cuando amenizó la ceremonia del Premio Nobel de Aracataca), Londres, París, Roma, Berlín, Madrid, Nueva York, entre otras cosmópolis tercermundistas y de ese continente de anticuario llamado Europa.

Preñada en esos estómagos de las grandes urbes que son los 'down town', La Momposina alcanza la máxima temperatura de la reverberación con esos dejos y onomatopeyas que le provocan la sangre africana que corre por sus venas, y al ritmo de tamboras, maracas, redoblantes, clarinetes y gaitas, ejerce el santo oficio de sus ancestros, esa liturgia carnestoléndica de excitación y fuego, irresistible hasta en los cuerpos enjutos y en las almas adoloridas de duques y marquesas en ruinas, que con torpeza se levantan de sus mullidas sillas de balcones operáticos para seguir el cadencioso paso de aquella vigorosa hembra de piel de melaza.



¿Qué dijo Sonia Bazanta cuando Totó la Momposina le robó hace tiempo su corazón, su genio y su popularidad?

"Bueno, mira, lo que pasa es que a mí me bautizaron como Sonia Bazanta, pero resulta que Totó siempre ha sido Totó para toda mi familia, para mis padres, para mis hermanos, para mis hijos, mis nietos, y esto quiere decir que ambas son muy buenas amigas, y se comprenden mucho, y ninguna siente envidia por la otra".

¿Y por qué Totó?

Totó es un nombre que me puso mi mamá desde pequeña, y además es un nombre sonoro que a nadie se le olvida".

¿Cómo le pareció este bautizo biográfico de 'La Diva Descalza'?

"Como anillo al dedo, porque yo toda la vida he cantado descalza, desde que comencé, y eso hace ya muchísimo tiempo. Y lo de diva yo no sé por qué me lo dicen, pero me lo dicen en todas partes".

¿Por qué cree que ha pegado usted más fuera del país que en su propia patria?

"Porque en Europa hay una cultura para la cultura. Los músicos y los artistas son considerados como profesionales y de esa misma manera uno se desarrolla. De modo que yo le debo mucho a Francia que me abrió las puertas a mi trabajo, incluso estudié Historia del Arte y de la Música en la Sorbona; uno se vuelve más universal, y comprende que la música tradicional no tiene fronteras".

Sin embargo Totó cada vez que puede regresa a su patria.

Yo tengo que regresar siempre a mi país, porque en el momento que me quede por fuera, me estoy perdiendo del proceso de evolución que también hace la música tradicional y que se pude comparar con la evolución del hombre, que nace, crece, se reproduce y muere".

¿Totó, usted en realidad es esa mujer explosivamente alegre que uno ve en los videos, en los escenarios, o es de esas mujeres que desde chiquitas se acostumbraron a llorar por dentro?

"Mis problemas no son únicamente míos, yo los comparto. Y claro que me duelen muchas cosas, como a todos. Como cuando dijeron que yo había explotado a Paulino Salgado, un gran tamborero. Y eso me dolió profundamente porque es una de las grandes mentiras que han dicho sobre mí. Y otras cosas que en la vida le causan a uno tristeza, pero que también lo fortalecen y le dan sabiduría".

De alegría también habrá llorado muchas veces...

"Yo lloro cuando veo a la gente llorar con mi canto. Eso es para uno muy emocionante. Y eso me ha sucedido muchas veces, incluso con los extranjeros, en Francia, en Londres, y en Estados Unidos, que ha sido la más reciente escala".

Cuente algo de sus amores...

"Yo me casé con un médico, el papá de mis tres hijos, me separé y ya. Tuve muchos enamorados, pero nada en serio, porque el gran amor de mi vida ha sido mi música, al punto de que cuando estoy cantando se me olvida el mundo".

¿Cuál cree que sea el gran pecado del hombre de hoy?

"Que el hombre se volvió excesivamente materialista, que desconoce los valores espirituales, y que está enfermo de ambición, de poder, y eso lo lleva al odio, al rencor, a la guerra y a la muerte.

Su padre, don Daniel Bazanta era un zapatero de Magangué. ¿Qué heredó de él?

"Su rectitud, sus sabias enseñanzas, su honestidad y una bondad inmensa que es la verdadera belleza del hombre".

¿Usted a qué le tiene pavor, Totó?

"A los tramposos, a los mentirosos, a los embusteros, a esos poderosos que engañan el mundo".

¿Usted sí es una mujer de cartera?

"¿De cartera?, ¡no qué jartera! Yo no soy una mujer de celular, ni de cepillos ni de polvos, aunque en los conciertos sí me maquillo. Pero la cartera mía es mi infaltable mochila arhuaca, que llevo para todo lado".

¿Y qué carga ahí?

"Un trinche, porque yo tengo mucho cabello. Y también la agenda de los teléfonos y los documentos personales. Lo necesario. ¡Ah!, y el libro espiritual que no me puede faltar".

¿También sueña cantando?

"Claro, porque esa es mi vida".

¿Cuál es la canción más linda que tiene?

"Para mí toda la música tradicional es muy bonita, yo no tengo ninguna especial, porque cada uno lleva su propia cuota de alegría".

¿Cuál es el sonido que más recuerda de la infancia?

"Yo siempre he dicho que lo que lo marca a uno son los recuerdos de la niñez, y a mí nunca se me olvidará el retrato vivo de mi mamá debajo de un toldillo, en una casa de palma, echándonos fresco en la noche, en una tierra como la mía, donde el calor alcanza los 40 grados".

¿Y de la música?

"De la música lo que nunca se me olvidará es a mi mamá enseñándonos a bailar la 'Danza de los indios farotos', que en la filosofía doméstica es una norma de rigor aprenderla para captar el gusto por el ritmo, la música y el movimiento".

¿Usted de niña daba mucha guerra?

"Siempre fui una niña rebelde en el sentido en que no me gustaban las injusticias, y todavía no me siguen gustando. Por eso siempre digo la verdad, porque cuando tú dices la verdad puedes mirar con honestidad a los ojos de los hombres, y eso te da el equilibrio para andar en la tierra, y la capacidad para comprender el amor, la tolerancia y el respeto por la gente"

¿Se duele de algo?

"Bueno, yo estoy siempre en el camino de buscar el equilibrio, la verdad de mí misma, y descubrí la estrella del buen vivir, que es la música, la alegría, el mejor antídoto para todos los males del ser humano, esa es una de las grandes obras de Dios".

¿Qué es lo que más le exige a su grupo?

"En mi grupo nadie bebe, ni fuma, nosotros meditamos y nos preparamos mucho para dar un concierto. La disciplina y el respeto son primordiales. Somos una familia muy unida y musical".

Su giras han sido exitosas y los diarios europeos las elogian con creces en sus páginas, ¿Por qué cree que gusta tanto su música en el extranjero?

"No es mi música, es tú música, nuestra música; la música de un país que tiene una gran riqueza, muchas influencias de fusiones étnicas, cultura indígena y una saludable frescura musical que está acompañada por las vibraciones que nosotros los latinoamericanos recibimos permanentemente".

¿Cómo se extraña el 'viudo' de bocachico en Londres?

"El sólo recuerdo del olor me hace pasar saliva. En Londres se consigue la yuca, el plátano, el ñame, pero el bocachico no. Yo extraño mucho mi 'viudo' de bocachico y de carne salá".

¿Qué le gusta de un hombre?

"Eso como decía mi abuelo: 'caras vemos, corazones no sabemos'".

¿A quién le prende una veladora?

"Yo no soy de veladoras. O sí, cuando bailo cumbia". v¿Quién es su patrón?

"El Padre Supremo".

¿Y cuál es su religión Totó?

"La filosofía espiritual".

Totó, usted no parece que fuera de este mundo...

"Es que yo estoy día por día evolucionando con mi música, siempre en la búsqueda de un espacio en el infinito".

¿O sea que cree en otras vidas?

"Claro, cómo no. Sería inútil pensar en una sola vida. Yo creo en la evolución".

¿De que es lo que más se ha arrepentido Totó?

"De dar entrevistas tan largas como esta".



cronopios

Junio de 2005




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