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  Acerca de Falsos documentos de Mirta Yáñez



Laura M. Espinel    La Jiribilla



Vease en archivo "vivir el caribe / voces del caribe" cuentos de Falsos documentos



El Centro Dulce María Loynaz, en su imponente casona del Vedado, siempre encuentra la forma adecuada para infiltrarnos en el desarrollo literario cubano. En un jardín o en una sala, que por su intimidad, favorecen a la comunicación y la inspiran, su público, ya asiduo, se siente en presencia de escritores y obras.

Entre los encuentros más sugerentes está “En el Jardín”, conducido por Marilyn Bobes. Es a la Lectura de textos inéditos de la ensayista y cuentista Mirta Yáñez, que tuvo lugar en este espacio el pasado martes 13 de septiembre, que quiero referirme en esta ocasión.

Al leer, siempre estamos a la espera del final de una frase, de la frase siguiente, de la siguiente página; prevemos y esperamos la multitud de imágenes que pueden surgir tras una palabra para que nos confirmen o desmientan nuestras previsiones personales; y así, el segundo lector –u oyente en este caso particular– forma parte del acto creador y lo completa. La lectura supone así ese acto dialéctico que es, de la escritura, como el correlato. Pero qué bien cuando se unen ambos agentes –escritos y lecturas– para acercarnos a la obra de un espíritu a través de la voz primera e innovadora.

Dichos textos leídos han pasado a formar parte de un libro publicado recientemente por la Editorial Unión; llevan el título de Falsos documentos y son unos brevísimos, pero grandes escritos de una picardía excelente.

Nos decía la creadora que durante muchos años estuvo alejada del cuento como género de sus obras, hasta ser reprendida por Luisa Campuzano y que a ella le debe el deseo; y miren que lo hizo bien Luisa, pues nos topamos en el libro con textos que vale leerse. Me refiero a “Nada salvo el aire”, “Versión original”, “Como Enoch Soames” y “Nadie llama de la selva”, este último leído por petición del público ante la fugacidad de la ocasión.

Falsos documentos, divirtiéndose dentro de la zona que delimita lo fantástico y que se halla a medio camino entre lo real y lo irreal, está cargado de historias fabulosamente mentirosas; pero pretendidamente serias, en un empeño historiográfico que viene a “replantear la historia de la literatura, las reglas de la lógica y la ética desde Aristóteles hasta hoy, y tal vez a echar abajo toda la cultura occidental”[1].

La conductora del espacio nos contaba que no admitieron “Versión original” en cierto concurso por tildarlo de “no cuento” –y es que maneja los principios del ensayo con gran soltura– e incluso citó que otros tomaron la narración-ensayo como una investigación que había hecho Mirta y que necesitaba ser puesta a la luz de alguna forma. Aquellos seguro se lanzaron detrás del Necronomicón del poeta loco de Sana, en el Yemen, Abdul al-Hazred, nacido solo en la imaginación de Howard Phillips Lovecraft o hicieron tesis sobre los Evangelios apócrifos, de Jorge Luis Borges. Mas, no sería justo nombrar de apócrifos los textos de Mirta puesto que el principal criterio para calificar a un libro de ‘apócrifo’ es considerar que carece de inspiración divina[2].

La noción de límite es el eje central a la hora de discernir si son fantásticos o no estos cuentos, más específicamente, si analizamos con cuidado la liviana irrupción de un ámbito en otro a través de un límite específico y flexible en tanto permite la transgresión[3]. Y a diferencia de otros relatos del género, los fantasmas transgresores de Mirta no tienen una figura concreta; o risas escandalosas o monstruos indefinidos o vientos demoníacos capaces de sacudir la tranquilidad de las sociedades sino que son serenos, como presencias abandonadas en la espera –“sin leer periódicos”–[4] y que regresan porque “no habían alcanzado a terminar una lectura[5] o con la intención de adelantársele.



[1] Mirta Yáñez. “Versión original” en Falsos Documentos, Editorial Unión, La Habana, 2005.
[2] El primero en usar este término fue San Jerónimo, para referirse a los libros que llegaron a ser los deuterocanónicos en la Biblia, cuando tradujo la Vulgata latina. Su origen es griego, generalmente traducido por "escondido" o "secreto".
[3] La noción de realidad que lo fantástico pone en entredicho comienza a forjarse a partir del Renacimiento y tiene como rasgo fundamental la expectativa racional de tiempo, espacio y causalidad.
[4] Mirta Yañez. “Nadie llama de la selva” en Falsos Documentos, Editorial Unión, La Habana, 2005.
[5] Mirta Yañez. “Para contar una historia de Navidad” en Falsos Documentos, Editorial Unión, La Habana, 2005.



Febrero de 2006



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