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  Puerto Rico - Etnairis Rivera: Memorias de un poema y su manzana



Etnairis Rivera



Nacida en San Juan de Puerto Rico, pertenece a la Generación Poética del '75 y figura en la más destacada poesía contemporánea de su país. Es Catedrática de Literatura Hispánica en la Universidad de Puerto Rico.
Estos poemas son publicados en Memorias de un poema y su manzana, Ed. Terranova, Puerto Rico, 2005.



Cada flash, la memoria recreada

El viento se dobla sin aviso dondequiera
sobre la ciudad amurallada.
Cada flash es una bofetada de siete manos,
para todo abrir, para darse cuenta.
Todos hablamos sin decirnos nada, lo de siempre,
sin escuchar lo que se habla, distantes.

There’s a shadow hanging over me

El microfilm pasa punteando tres décadas,
lo mal sabido de memoria.
El rodaje comienza, la pantalla todo lo cubre.
En la bahía, las jovenzuelas se tocan el pecho,
se dejan hacer, aman y silban con sus piernas distanciadas.
Ningún robot falta a su horario en su vida ni muere.

Oh I believed in yesterday

Cada flash es una memoria recreada del libro
con su historia aprisionada e inconclusa,
sólo buen tema para el cine-ensayo, poema que nadie lee.
Cada flash es el mito, el guión que escriben de ti,
el viento sin aviso, los textos que no se entienden,
los que fácilmente como a un hombre canalla se olvidan.

Yesterday…



Se fue la luna como la madre un día

Se fue la luna como la madre un día, es decir una de las madres.
Desde entonces es el desandar, los cactus de este desierto,
las bestias que acechan detrás de los árboles.

Se fue por el hueco solo solo
y supe de las paredes donde rebota mi palabra,
del grito largo que desgarra la cara, es decir una de las caras,
la cara dulce, la que vivía del mar y confiaba.

Si las olas vuelven, por qué no la madre, sin luna al menos.

Estaban los que me llamaron mujer mía, arena olvidada,
estaban los que rodearon mi casa prestada
y trazaron un dibujito de mis días.
Estaban los mariditos, los tutores, los invasores,
la tierra azotada de pestes, la sequía, el partido que negó la magia.

Estaban todos en el baile de sueño cargado de negación,
mientras se iba la luna, es decir una de las lunas,
bailaban todos el danzón de la despedida,
calentaban alfileres que enterraban en mi cuerpo,
en mi cuerpo prestado como mi casa y este suelo inmediato.

Se fue la luna como la madre un día, y se quedó el poema.



Donde aprenden las gaviotas su poema

Prefiero esta soledad de gaviota sin nombre, esta condición natural de lejanía.

Volar es disolverse en el mar, eliminar el tiempo que hemos pasado
de escondite en escondite en toda la distancia del amor.

El ángel ha escrito NO tres veces sobre mi mano izquierda.
El ángel sabe la ruta libre de arena indiferenciada que realmente prefiero.

Soy la misma ausencia misma, esa familiaridad innata con las alas
que no puede quedarse ni regresar sino seguir buscando
el presentido horizonte más claro donde aprenden las gaviotas su poema.

Prefiero su vuelo inseparable del mar y este sonido de olas
que me libra de los nombres.




La copa agria del absurdo

A Pedro Pietri, Poeta

La copa agria del absurdo se rompió en nuestra cara
cuando el poeta se fue y ya no hubo momento para abrazos,
para más abrazos, para brindar por todos los poemas
y arrebatos de la ciudad, la noche única de amor, su eternal amiga preferible
que con él mordió el tallo de una rosa roja y la manzana.

De negro madrugó el martes o miércoles,
su blue que nunca fue verdaderamente blue,
de negro, el poeta cruzó la zona del tiempo, del sur al norte,
de la esperanza a la fuga de su aliento.

Que ya no hubo su carcajada
ni teléfono fuera de servicio para escucharla y reírnos,
el maletín de condones y matrimonios por el reverendo pedro
sin licencia para casar o morir.

De negro, los buitres picotearon su vientre,
escupieron agente naranja, naranja para el emigrado,
naranja agria y limón partido y fechoría.

El vuelo que no llegó con el poeta vivo,
nueva york que no llegó, san juan que no llegó, volver a vernos,
que no llegó su sombra y su figura, el subterráneo del boricua,
su cabina sin respuesta, que no llegó donde esperábamos.

El negro de negro por los muertos en vietnam, por las bombas sobre vieques,
por la república del alma sin pasaporte, por el pasaporte en espanglish,
por ella olga y él manuel que mueren en rascacielos y ataúdes alquilados,
el querido más loco de los locos poetas por la vida,
el bien llamado negrito que es llamarse amor.

Que de esa copa no has de beber, que de esa guerra no seas cómplice.

Que la luna estaba llena cuando expiró, que lo recogió la luna o marte
o el sol que transmuta, que lo recogieron todas las galaxias,
nuestros brazos abiertos para siempre que se quedaron sin él y con él
y la risa aquella en su poesía última del absurdo.




Soy tu manzana

Soy tu manzana,
la jugosa pulpa de la vida que ansías con celo.

Percibo tus pasos antes de tu llegada.
Tu voz en la memoria
Me basta cerrar los ojos para detener la noche
sobre la maravilla de tu lengua
por todos mis apetitosos recovecos.

Me basta el ingenio y caudal de mi fantasía
sobre tu espalda como cielo de mi deseo.

El olor de tu néctar persiste en mis dedos.
Lamerte es mi fortuna.

El río tuyo que desemboca entre mis piernas
es tan sólo mi alimento.




Julio de 2006



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