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  Costa Rica - Serenateros de vieja tradición - Traditional Serenade Troubadours



Yazmin Ross   yazminross@racsa.co.cr





Serenateros de vieja tradición

Cuatro viejos cantantes se encontraron después de muchos años en los estudios de Papaya Music a recordar las anécdotas y las canciones que tocaban en la época dorada de las serenatas.

Max Goldemberg, José Everardo “Papi” Baltodano y los hermanos Santos y Odilón Juárez solían recorrer las calles de Nicoya y de varios poblados de Guanacaste con la guitarra al hombro para cantarle a las mujeres al pie del balcón. Una tradición que tuvo gran arraigo el siglo pasado cuando los romances en esa provincia empezaban o terminaban con un puñado de canciones a la luz de la luna.

Son gargantas templadas por la noche y por los caminos solitarios reunidas por otra generación de músicos de escuela que se iniciaron acompañando a los mayores en sus “vagancias” cuando la plaga romántica era tal que las autoridades aplicaron un impuesto a la serenata. Es así que Fidel y Jaime Gamboa, líderes del exitoso Grupo Malpaís, y Mario Ulloa, guitarrista clásico con una brillante carrera internacional, quisieron compartir nuevamente el placer de cantar a los corazones adormecidos.

El requisito indispensable para participar en este disco fue haber vivido la experiencia y reunir algunos méritos como ser perseguido por los perros o por la policía. Caer en alcantarillas o romperse los pantalones saltando cercas, escapando de los disparos al aire de padres celosos y vecinos molestos. Haber perdido la guitarra en una comisaría; o vivir con la mujer que conquistaron en una noche de luna y canción.



A los hombres les gustaría

El repertorio que escogieron es una mezcla de poemas, pasillos ecuatorianos y boleros mexicanos que llegaron a Guanacaste a través de los circos, los teatros de revista o las radios hace más de medio siglo. Otros fueron extraídos del cancionero popular de esa provincia y pertenecen a autores conocidos como Héctor Zúñiga, Arístides Baltodano, Medardo Guido y otros permanecieron en la penumbra por sus ideas políticas, como Adán Guevara, tío de Max Goldenberg y los hermanos Gamboa, quienes rinden homenaje aquí a su rica y muy interesante producción.

Es un disco masculino, porque ese ha sido el carácter de las serenatas. Hombres que le cantan a las mujeres con la esperanza de despertar sus sentimientos; aunque muchos varones han confesado que desearían ser sorprendidos por una novia o una esposa que contrate a los músicos y cante con ellos al pie de la ventana.

Para ellos quizás sea importante saber que dos temas del disco fueron escritos por mujeres, aunque sus letras estén dirigidas a sujetos femeninos, lo cual bien parece atribuirse a su oficio de letristas que componían para intérpretes varones o para grupos corales, como la mexicana Esperanza Cabrera, autora de Serenata y la ecuatoriana Benigna Dávalos, autora de “Ángel de luz”.

Los arreglos estuvieron a cargo de Fidel Gamboa, quien trató de reflejar toda la variedad de ritmos e instrumentaciones posibles de la serenata guanacasteca alternando las guitarras y el requinto con la mandolina, el acordeón, las marimbas, el piano y hasta una cimarrona o banda de pueblo, que fue la escuela musical de muchos serenateros.

Participaron otros miembros del grupo Malpaís como Carlos “Tapado” Vargas e Iván Rodríguez; el pianista y arreglista Walter Flores, pero los toques maestros se los dio el requinto de Mario Ulloa, guitarrista con una brillante carrera de concertista clásico, nacido en Costa Rica y radicado en San Salvador de Bahía, Brasil.





Traditional Serenade Troubadours

After many years, four seasoned singers gathered together in the Papaya Music Studios in order to share anecdotes and songs that they used to play during the golden age of serenading.

Max Goldenberg, José Everardo “Papi” Baltodano, and the Santos and Odilón Juárez brothers would walk the streets of Nicoya and other nearby towns of Guanacaste with their guitars slung over their shoulders seeking out women to whom they could sing their songs beneath balconies. An old tradition sung in the moonlight, serenades in this province stimulated and dignified romance, after which serenading lapsed into only a handful of songs. Tempered by the night and solitary roads, their voices are joined by another generation of trained musicians who got their start by accompanying those well-versed artists in their “vagrancies,” a time when this romantic plague became such that the authorities created a serenade tax.

And so it was that Fidel and Jaime Gamboa, directors of the successful Grupo Malpaís, and Mario Ulloa, a classical guitarist with a brilliant, international career, decided that they wanted to share once again the pleasure of singing to sleeping hearts.

In order to participate in this collection of songs, the indispensable requirement was to have lived these experience and gained some renown, such as having been chased by dogs or the police, falling into gutters, jumping over walls and ripping pants, fleeing from gunshots fired into the air by overprotective parents or annoyed neighbors, having their guitars confiscated at the police station, or living finally with the women they won over on some musical, moonlit night.



What Men Desire

Over half a century ago, this repertoire of music—a mixture of poetry, Ecuadorian pasillos and Mexican boleros—came to Guanacaste Province by way of traveling circuses and the radio. Other songs come from local popular music created by renowned composers, such as Héctor Zúñiga, Arístides Baltodano, and Medardo Guido. Although Adán Guevara was overshadowed by his political leanings, his nephews Max Goldemberg and the Gamboa brothers pay homage here to his rich and interesting exploits.

This is a masculine recording, because the very nature of serenading makes it that way: men sing to women with the hope of awakening their feelings; yet many men have confessed that they would like to be surprised by their girlfriends or wives who might hire some musicians with whom they would also sing beneath a balcony.

Perhaps it is noteworthy for them to know that two songs on this recording were written by women—Esperanza Cabrera (Mexico), author of Serenata, and Benigna Dávalos (Ecuador), author of Angel de luz. Both wrote sizzling words of love intended for women as well, which could explain their roles as lyricists for male singers or choral groups.

These song arrangements were directed by Fidel Gamboa, who has sought to reflect the variety of rhythms and instrumentation that are characteristic of the serenades from Guanacaste. He alternates guitars and the requinto [a four-stringed instrument] with the mandolin, accordion, marimbas, piano, and even a town Cimarrona marching band that functioned as a kind of music school for many of the serenading troubadours.

Other members of the Grupo Malpaís participated in the recording: Carlos “Tapado” Vargas and Iván Rodríguez; pianist and arranger Walter Flores; however, the crowning touch belongs to the requinto of Mario Ulloa, a guitarist with a brilliant career as a classical soloist from Costa Rica, who currently lives in San Salvador de Bahía, Brasil.



Abril de 2006



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